Uno de los principales problemas cuando una persona mayor ha perdido su movilidad, es el mantenimiento de un buen estado de higiene. Al no poder moverse por sí mismo, queda descartado en muchas ocasiones que se pueda desplazar al cuarto de baño, por lo que el aseo debe realizarse en el propio dormitorio, en la cama.

Analicemos pues cuales son los distintos signos de alarma que podemos observar en una persona, que pueden indicarnos que puede estar desarrollando la enfermedad de Alzheimer.

Con estas previsiones es tremendamente importante prestar una muchísima atención a los posibles golpes de calor sobre todo en las personas mayores.

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Para ayudar a la persona que sufre Alzheimer es necesario fomentar que dichas capacidades se conserven todo el tiempo que sea posible. De esta manera, lograremos retrasar el avance de la enfermedad y fomentar la autonomía de la persona.

Para evitar entrar en esa dinámica, es útil tener una serie de pautas o consejos en la cabeza que podemos aplicar en el día a día, favoreciendo con ello la autoestima, la memoria, la autonomía, y en general la calidad de vida de los enfermos de Alzheimer.

Se realizan una serie de técnicas y estrategias encaminadas a optimizar las capacidades cognitivas de una persona, mejorando pues su funcionamiento mental. A esa serie de técnicas y estrategias se le llama estimulación cognitiva.

El Alzheimer es un tipo de demencia. Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta disminuyendo la capacidad intelectual de la persona que la padece, en comparación a sus capacidades previas.

Con el paso del tiempo, las personas van desarrollando ciertos cambios biológicos que les afectan, y que hay que tener en cuenta en el cuidado de las personas mayores. Entre las diversas problemáticas que visibles, aquellas que afectan a la piel son muy relevantes. La piel es uno de los primeros órganos en envejecer, y la disminución del grosor y la vascularización de la dermis produce en las personas mayores flacidez e hipotermia.

Las personas mayores tienen una renovación de la piel más lenta, una mayor fragmentación de la misma por pérdida de colágeno, una pérdida de la capa ácida de la piel que provoca una mayor frecuencia de infecciones, etc. Por eso es tan conveniente un cuidado diario adecuado. ¿Cómo ayudar al cuidado de la piel en ancianos?

Problemas cutáneos en el cuidado de las personas mayores

En el cuidado de las personas mayores, en muchas ocasiones podemos notar cómo algunas sienten ganas muy fuertes de rascarse. Sumado a la insuficiencia renal, esto puede ser un síntoma de prurito. Esto ocurre cuando los riñones, al no funcionar bien, provocan que se acumulen cristales de ácido úrico en la piel, causando irritación. Suele darse con más frecuencia en las extremidades, la cabeza y la espalda.

Otra cosa que podemos notar en el cuidado de las personas mayores, relacionado con la piel, son algunos síntomas como picor y dolor, acompañados por problemas en las uñas de las manos y los pies y en la piel del cuero cabelludo, como pequeños hoyos o manchas amarillentas en las uñas o placas rojas cubiertas de caspa en la cabeza.

Esto puede ser síntoma de psoriasis, que es una enfermedad autoinmune crónica pero no contagiosa. Por el momento no tiene cura, y alterna periodos de brotes con otros sin síntomas.

Una enfermedad de la piel que podemos observar también con mucha frecuencia en el cuidado de las personas mayores es el Herpes zoster. En este caso, podemos observar la aparición de pequeñas ampollas o erupciones con líquido en pecho y espalda. Éstas avanzan hasta convertirse en unas costras que dejan la zona sensible incluso al contacto con la ropa.

Por supuesto, también tenemos otras enfermedades más conocidas y habituales en el cuidado de las personas mayores, como las escaras. Éstas son úlceras por presión causadas por la imposibilidad de moverse, creando una presión prolongada en exceso sobre la piel. Son extremadamente comunes en casos de personas encamadas, y son extremadamente difíciles de curar una vez han salido. Por ello, la mejor idea es siempre la prevención.

Prevención y tratamiento de problemas de la piel en mayores

La pregunta del millón. Si nos dedicamos al cuidado de personas mayores y queremos prevenir o tratar este tipo de síntomas, ¿qué podemos hacer?

Nutrición

Como siempre, la nutrición puede ser uno de nuestros grandes aliados en el cuidado de las personas mayores. Determinados alimentos contienen ácido úrico, que como hemos explicado, aumenta el riesgo de prurito. Esto son alimentos como carnes rojas, vísceras, embutidos, marisco, vegetales como el espárrago o la coliflor y algunos hongos como los champiñones.

Hidratación cutánea

El uso de cremas, pomadas y lociones que hidraten la piel también les ayudará a tener mejor salud y mayor elasticidad, evitando esta clase de problemas. Aplicar crema por todo el cuerpo a diario siempre que se ducha es siempre una buena idea. También es necesario protección solar y el uso de sombreros, para evitar la radiación ultravioleta.

Sistemas antiescaras para descanso

Para la prevención de escaras también son necesarios otras medidas, como cambiar las sábanas a menudo, cambios posturales cada tres horas, etc. también convendría examinar la piel una vez al día, para detectar cualquier alteración o inicio de escara que podamos encontrar. El uso de ayudas técnicas como colchones anti escaras también pueden ser de extrema utilidad.

Higiene personal

Por supuesto, la mejor de las medidas si vemos estos síntomas cuando estamos encargados del cuidado de las personas mayores, sea un cuidado personal (nuestra madre, abuelo, etc.) o profesional, es acudir al médico. Él podrá indicar los fármacos o tratamientos necesarios (como por ejemplo una vacuna en el caso del herpes), o incluso podrá indicar la necesidad de unas sesiones con el fisioterapeuta, con medidas como la exposición a la luz ultravioleta artificial en determinados casos.

En la sociedad actual dos de las enfermedades más comunes entre las personas mayores son el Alzheimer y el Parkinson, siendo ésta última muy desconocida por muchas de las familias. La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica y progresiva que afecta al sistema nervioso.

Los tratamientos dirigidos a las personas mayores que tienen Parkinson no pueden curarles, pero sí tratan de mejorar su calidad de vida. Existen prácticas y cuidados recomendados para personas con Parkinson que conviene utilizar.

Para saber cómo ayudar a las personas mayores que sufren Parkinson, comprendamos en primer lugar lo que es y lo que implica tener dicha enfermedad.

La enfermedad de Parkinson

¿Qué significa tener Parkinson? Las personas mayores que tienen Parkinson sufren de una falta de dopamina en el cerebro. La dopamina es la sustancia que se necesita para que el cerebro pueda transmitir la información que permite realizar los movimientos de una forma normal y correcta. Por ello, las personas mayores con Parkinson tienen unos síntomas motores muy concretos, como temblor o rigidez cuando se encuentran en reposo.

Síntomas del Parkinson

Otros síntomas que pueden presentar las personas mayores con Parkinson son inestabilidad postural, lentitud de movimientos (bradicinesia) o incluso, llegado el momento, incapacidad para iniciar un movimiento (acinesia).

Las personas mayores con Parkinson también presentan otras muchas alteraciones, como dificultades de habla, de expresión facial, dificultades respiratorias, demencia, alucinaciones o delirios, trastornos de control de impulsos, problemas del sueño, dificultades para tragar, problemas digestivos, etc.

¿Cómo tratar con personas que tienen Parkinson?

Los familiares de personas mayores con Parkinson, a menudo, se sienten sobrepasados con toda la información y dificultades que se presentan, pero son varias las cosas que podemos hacer para facilitarles la vida a esas personas mayores y mejorar su calidad de vida.

Seguir indicaciones de personal sanitario

Consultar con los profesionales adecuados para que ayuden en el proceso, como un logopeda para detectar y prevenir trastornos del habla, un fisioterapeuta para disminuir su rigidez muscular, los temblores, controlar la postura, etc., un psicólogo para asistir en los aspectos emocionales, cognitivos y conductuales, etc.

Incentivar el ejercicio en la senectud

Promover que las personas mayores realicen los ejercicios que estos profesionales hayan pautado, acompañándolos y guiándolos en el proceso.

Ayuda y compañía

Ayudar a las personas mayores según la enfermedad vaya avanzando, mediante un proceso de acompañamiento y apoyo.  Las relaciones sociales y familiares son ene stos casos más importantes que nunca.

Adaptación del hogar

Adaptar el hogar de las personas mayores que sufren Parkinson. Esto incluye tanto despejar los espacios de muebles que puedan resultar un estorbo para el paso, quitar alfombras y asegurar una buena iluminación como hacerse con las ayudas técnicas necesarias, como cubiertos adaptados, sillas o andadores, pinzas para recoger objetos del suelo, agarraderas para el plato de ducha, etc.

Mejorar la autonomía de la persona

Promover la autonomía, mediante la repetición de ejercicios cotidianos como levantarse del asiento, lavarse las manos y la cara, etc. para facilitar que puedan continuar haciéndolo por más tiempo.

Actividad diaria de paseos

Realizar paseos diarios y cotidianos, siempre a un ritmo adecuado. Resulta adecuado también aprovechar este momento para favorecer que las personas mayores con Parkinson balanceen los brazos, movimiento que tienden a perder.

Practicar caídas y levantamientos

Enseñarles a caerse y levantarse, siempre con las manos por delante. Dejarles practicar el levantarse del suelo de forma autónoma puede resultar útil.

No decaerse

Las personas mayores con Parkinson a menudo se bloquean cuando intentan andar o moverse. En estos momentos, es útil poderles marcar el ritmo, con una pauta numérica, andando a su lado, mostrándoles la “meta” etc.

Por último, no podemos olivar cuidar la propia salud física y emocional. No solo las personas mayores necesitan ayuda, también sus cuidadores. Atender a las propias necesidades y evitar la saturación resulta vital. No hay que desestimar la importancia de pedir ayuda y puede resultar muy efectivo programar ciertos momentos de escape o desconexión.

En muchas ocasiones, los cuidadores o familiares sienten hacia esto ciertos sentimientos de culpa, pero no podemos olvidar que el primer paso para cuidar a otros es cuidarse uno mismo.