Cuando uno comienza a envejecer es cierto que deja de ser capaz de hacer algunas acciones. Esta situación se magnifica en caso de sufrir alguna enfermedad degenerativa o crónica que afecte a nivel cognitivo o genere incapacidad o dolor físico. Pero hay otras muchas cosas que sí se siguen pudiendo hacer y enseñar. Como dice el refrán, la experiencia hace a la persona maestra. Y de esta forma lo más recomendable es fomentar la autonomía de una persona mayor.

Durante mi experiencia personal y profesional como psicóloga profesional de este campo he vivido y observado lo difícil que puede resultar dejar que la persona mayor haga todo aquello que puede hacer en vez de hacérselo nosotros. Pero, ¿por qué nos resulta esto tan complicado?

Cómo fomentar la autonomía y por qué

Imaginemos la siguiente situación: somos la cuidadora principal y estamos preparando la comida. La persona de 85 años a la que cuidamos está en el salón viendo la televisión. Por un momento nos planteamos la duda de si avisarla para que venga y pueda participar o hacerlo a nuestra manera, más rápido. Y ya cuando esté todo listo llamarla para que venga a comer. Sabemos que muy probablemente con su participación el proceso se alargue, tengamos que intervenir porque se olvide de lo que ha puesto y la cena se enfríe.

Bien, aquí tenemos un momento crítico donde debemos recordar que el objetivo no es ser eficiente, es fomentar la autonomía de la persona a la que se cuida. Por tanto, adaptando a las capacidades actuales de la persona lo mejor sería avisarla para que pueda participar pelando una patata o simplemente poniendo parte de la mesa.

Ventajas de hacer partícipe a la persona mayor en una tarea cotidiana

La movilidad es un ámbito que siempre es conveniente potenciar para mejorar y activar la autonomía de un mayor. Y estos ejercicios cotidianos del día a día son una actividad aconsejable.

Por una parte, la persona mayor se moverá del sofá por lo cual hará ejercicio, su mente se activará, ya que habrá que pensar qué cubertería hay que poner según la comida, podrá hacerlo a su manera, demostrándose que es capaz. Esto subirá su autoestima y tendrá muchos otros efectos positivos que no tendremos en caso de que hagamos todo nosotros y ya solo contemos con ella para el acto concreto de comer.

Esto se puede adaptar en caso de que la persona no pueda caminar haciendo el ejercicio mental de qué haría falta y cómo hacer las recetas. O dando indicaciones concretas a personas con deterioro cognitivo para que ejerciten su mente y se sientan también parte de su entorno. Esto se puede aplicar a abrocharse una camisa, asearse la cara o elegir la ropa de ese día.

Cómo mejorar la autonomía de ancianos

Cuando en esta situación nos resulta complicado contar con la otra persona podemos reflexionar para ver posibles causas y poner soluciones que mejoren la situación. Podemos encontrar varias de estas causas, aunque cada persona tiene las suyas, algunas de ellas podrían ser: tener prisa, estar cansado, falta de paciencia, no querer aceptar que la persona mayor tiene más limitaciones que antes o tratar de evitar que la persona mayor se canse o se frustre al no verse igual de capaz de lo que era antes. Esto es un error ya que cuanto más haga hoy yo por esa persona mientras ella misma pueda hacerlo, menos podrá hacer por sí misma mañana. Con esta actitud se está restando autonomía y sumando dependencia.

¿Qué hacer para elegir la opción de un mejor cuidado?

Primero se debe averiguar qué se siente y qué pensamientos alimentan dicha emoción. Una vez se haya averiguado, lo siguiente es observar y escuchar al otro. Es decir, ¿qué estoy generando con esas acciones a la persona mayor? En algunos casos habrá indiferencia por parte de la otra persona, pero en la mayoría de los casos aparecerán episodios de frustración, enfado o tristeza generados por esa falta de posibilidad y de sensación de incapacidad ante tareas que pueden hacer.

La indefensión aprendida

Hay un fenómeno psicológico que se llama la indefensión aprendida. Es algo que nos ocurre a todas las personas. Se trata de que cuando se inteta varias veces hacer algo y no se puede, simplemente se asume que no hay capacidad para hacerlo, aunque la situación sea en un entorno diferente con recursos nuevos que si permitirían poder realizarlo.

Cuando esto ocurre con tareas como enjabonarse el cuerpo, vestirse, peinarse, pelar y cortar una verdura, decidir qué comer, cocinar o ir a comprar, se deja de sentir esa capacidad y la autoestima cae en picado, llegando a ser más dependientes de lo que se podría ser.

Cuidadores y personas mayores con poca autonomía

Al cuidar a una persona mayor es importante observar, ser consciente de las limitaciones y capacidades, las actuales y las potenciales. Hay que poner recursos al servicio de la autonomía, apoyar para que la persona lo pueda lograr, pero nunca excluirla de la posibilidad de lograr algo o de tomar decisiones.

Cuando ya se ha dado el paso de lograr incluir a la persona en las actividades, puede que la persona logre hacerlas o no. En caso de que sí la realice, se puede premiar su esfuerzo por medio de un refuerzo positivo como un halago, una palabra o gesto de cariño o un pequeño premio.

En caso de no lograrlo, no hay que recriminarle o desafiar a la persona asumiendo que en realidad sí podría hacerlo, simplemente se observa qué ha podido ocurrir y se consideran junto a ella posibles alternativas adaptadas a la situación.

Se trata de encontrar un equilibrio entre ayudar y acompañar. Hay que trabajar a nivel personal diariamente para recordar que el objetivo no es ser eficiente, sino fomentar la autonomía de una persona mayor. Se trata de intervenir de forma activa solo cuando la persona no pueda hacer o decidir algo por sí misma o te pida ayuda.

Aquí podemos utilizar la comunicación, ya que es una de las herramientas más potentes de las relaciones entre personas. Hablar es una de las principales maneras de entender a los demás y poder explicarles tanto emociones como pensamientos.

 

Beatriz Carmena: Psicóloga.

Uno de los miedos dentro del segmento de personas de la tercera edad son las enfermedades. Al tratarse de un grupo de riesgo están más expuestos a cierto tipo de enfermedades, que además las sufren de sobremanera. Una enfermedad común en ancianos y personas de edad avanzada es la neumonía. ¿Cómo detectar la neumonía en personas mayores? ¿Qué síntomas tiene? ¿cómo prevenirla?

La neumonía dentro de este sector de la población puede ser en muchos casos letal, por eso conviene conocer esta enfermedad y su repercusión. Es necesario estar atento a los síntomas y ante cualquier duda acudir a un especialista para que determine la gravedad de la enfermedad. Así como si realmente se trata de un episodio de neumonía o la afección corresponde a otro tipo de patología.

Qué es la neumonía

La neumonía, como patología, es una enfermedad que afecta al aparato respiratorio, más concretamente a los pulmones. El alcance y la profundidad de la neumonía en una persona mayor dependerá de si se ha tratado a tiempo, así como si existen factores de riesgo que puedan agravar la enfermedad.

Es una enfermedad que afecta, sobre todo, a los ancianos. Unos pacientes mucho más vulnerables a patologías pulmonares y respiratorias.

¿Es contagiosa la neumonía? Hay que dejar claro que no se trata de una enfermedad contagiosa. No obstante, las variantes virales sí que pueden transmitirse, aunque no suele ser lo más habitual.

¿Necesitas cuidados para una persona mayor?

Síntomas de la neumonía en ancianos

¿Cómo saber si un anciano puede estar sufriendo una neumonía? Esta enfermedad ofrece unos síntomas habituales y concretos. Pero hay que tener en cuenta que no todos los síntomas se van a ver reflejados en una persona que esté en un proceso de neumonía. Aunque sí hay una tendencia de afecciones populares y comunes asociados a esta patología.

En un primer episodio, algunos de los síntomas principales que se suelen reproducir coinciden con el siguiente listado:

  • Tos incipiente. Una tos que puede incluir mucosidad o sangre en algunos casos.
  • Fatiga, cansancio muscular y debilidad
  • Mareos
  • Fiebre
  • Dificultad para respirar y dolor en el pecho

Si la enfermedad avanza, pueden derivar en síntomas más graves, aparte de los mencionados anteriormente,

  • Insuficiencia respiratoria fuerte
  • Dolores de cabeza y fiebre alta
  • Desorientación y malestar general
  • Acumulación de líquidos en los pulmones
  • Taquicardias

Causas de la neumonía en personas mayores

Esta enfermedad aparece como consecuencia de una infección en los pulmones. Una bacteria o virus que se introduce vía respiratoria y que deriva en los síntomas antes mencionados. Si bien es cierto que existen factores previos que inciden en la propagación de esta enfermedad, por una disminución en las defensas del cuerpo están relacionadas con patologías como las siguientes.

  • Enfermedades crónicas
  • Consumo de tabaco
  • Mala alimentación
  • Falta de higiene
  • Nivel inmunitario bajo

Cómo prevenir la neumonía en personas de la tercera edad

Se recomienda tomar ciertas medidas, más aún en las personas mayores, para evitar llegar a estas condiciones. Hay metodologías y hábitos que ayudan a prevenir contraer enfermedades como la neumonía y que siempre se aconseja realizarlo en la medida que se pueda. Esta serie de medidas son de gran ayuda, no solo para la neumonía, sino para evitar contraer otras enfermedades. Es necesario contar con la ayuda de cuidadores de mayores o familiares que puedan dar un soporte a estas personas.

Una de las recomendaciones principales para evitar que personas mayores contraigan neumonía es vacunarse. La gripe es un epicentro de aparición de episodios de neumonía, por lo que la vacunación de la gripe es un paso determinante para evitar esta patología. Al igual que la vacunación especial sobre una serie de bacterias particulares causantes de la aparición de la neumonía.

Otro de los apartados importantes es conservar una buena salud pulmonar. Esto se refiere a acabar con hábitos como fumar, consumir alcohol, o no cuidar la higiene bucal. Estas malas rutinas son un germen de aparición de neumonía a cualquier edad.

Cuando una persona ha sido diagnosticada con Alzheimer leve, la primera preocupación de las familias en que tengan alguien que les cuide. Una persona que les atienda en aquello que ellos ya no saben o no pueden hacer como antes. Sin embargo, en muchas ocasiones, se encuentran con que su padre o su madre rechaza a los cuidadores, les insulta, o les echa de su casa, pudiendo llegar incluso a la agresividad.

Este tipo de comportamiento tiene un origen, unas causas, y una serie de pautas para poder minimizarlo y corregir la actitud de ancianos y personas mayores hacia sus cuidadores.

Causas del rechazo a los cuidadores

Lo primero que se debe entender es que no es un problema de los cuidadores en sí. Este rechazo puede ocurrir independientemente de las características de la persona: da igual si es hombre, mujer, más mayor o más joven, etc.

¿Qué es lo que ocurre entonces para que se produzca ese rechazo a los cuidadores?

La persona mayor en fase de Alzheimer leve es consciente de sus dificultades y pérdidas, lo cual provoca miedo a perder su autonomía. Esto deriva en un rechazo ante el reconocimiento de una necesidad de ayuda diaria, en un intento de evitar la dependencia por otra persona. Con ello, intentan preservar su autonomía y su espacio personal.

Al fin y al cabo, ¿cuántas veces se ha oído eso de “las personas mayores son como bebés”? eso genera en ellos un sentimiento de impotencia, ya que sienten que les tratan de anular, no los escuchan ni hacen caso.

Pautas para afrontar o prevenir el rechazo a los cuidadores

En primer lugar, es imprescindible que la persona mayor sienta que tiene poder de decisión en lo que está ocurriendo, y que lo que tenga que decir va a ser escuchado.

No imponer los cuidados

Se debe evitar cometer el error de imponer los cuidados, o de explicar que necesitan que les cuiden, porque ya no son capaces.

En lugar de eso, podemos explicar que necesitan ayuda en casa, de tal forma que les quede más tiempo para hacer otras cosas. Sería positivo reconocerles que después de toda una vida trabajando, merecen ayuda y descanso.

Comprensión y empatía

Debemos mostrar comprensión y empatía ante su confusión y sus miedos. Nuestra comunicación ha de ser clara, sencilla y directa en todo momento, manteniendo siempre la mayor tranquilidad posible.

Mantener la autonomía de decisión en su vida

Respetar el poder de decisión que conserven y escuchar su opinión siempre será positivo. Es importante que siempre que se pueda la propia persona mayor tenga voz y voto sobre los cuidadores: si se sienten cómodos o no con ellos, cómo les gustaría que fuesen, qué preferirían que no hiciesen, etc.

Cómo actuar ante estos episodios de rechazo

Los cuidadores que se encuentren con una persona mayor que rechace los cuidados deben conocer el curso de la enfermedad: qué síntomas presenta, qué es esperable que ocurra, etc.

Por nada del mundo se debe caer en el error de ser conscientes únicamente de aquellas capacidades que ya no conservan. Comprender sus potencialidades y saber las cosas que aun son capaces de hacer, requieran o no de cierta ayuda para hacerlas, puede marcar la diferencia. Incluso en aquellas cosas que ya no puedan hacer, es posible encontrar determinadas tareas puntuales en las que, aunque haya que repasarlas después, puedan colaborar.

Con ello, se cuida y refuerza la autoestima y la independencia de la persona mayor, lo cual puede derivar en un menor rechazo hacia los cuidadores.

Conocer a la persona y su rechazo

También sería positivo saber cómo es la persona en cuestión, y cómo prefiere ser tratada: hay personas que prefieren que los cuidadores sean cercanos y cariñosos, pero otros prefieren a los cuidadores que sean respetuosos y permitan mayor espacio. Respetar el espacio personal de cada uno es vital.

Conocer también sus hábitos y rutinas es importante, ya que será necesario respetarlos. No podemos pretender “entrar como un elefante en una cacharrería” y cambiar todo a nuestro paso. Para ello una medida adecuada también es la incorporación gradual de los cuidadores. No podemos pasar “de cero a cien” de un día para otro.

Una vez hecho todo ello, solo nos queda trabajar en la confianza de la persona mayor sobre los cuidadores, tener paciencia y respetar los tiempos de cada uno. Es mejor en un inicio no hacer todo aquello que consideremos necesario, en pro de favorecer que ambas personas se conozcan y comprendan mejor y confíen la una en la otra.

En esta entrada del blog vamos a abordar el proceso emocional que puede sentir el familiar que se hace cargo de los cuidados de una persona mayor que acaba de ser diagnosticada con una enfermedad degenerativa como puede ser la enfermedad de Alzheimer, la Demencia Prefrontal o el Párkinson. Cómo actuar, y de qué manera cuidar de un familiar mayor.

Cuándo es necesario cuidar de una persona mayor

Normalmente estas situaciones de cuidado surgen de repente y marcan un antes y un después. En estos momentos se producen una serie de cambios para los que uno no está preparado y, sin embargo, pueden durar bastantes años.

Obviamente dependerá mucho de si la situación en la que se encuentra la persona mayor es de casi completa independencia, o si ya existe un alto nivel de dependencia. Pero es muy habitual que, tras el diagnóstico, estos futuros cuidadores no profesionales realicen un proceso emocional que les permitirá adaptarse a las nuevas necesidades, siempre destacando que cada proceso emocional es diferente y único. A continuación, vamos a hablar un poco más detenidamente sobre este viaje emocional:

Relación entre familiares y la persona mayor al cuidado

Las relaciones y la forma de comunicarse y cómo tratar a un familiar en edad avanzada van cambiando conforme pasa el tiempo y se asume la situación. Esta evolución depende de las circunstancias, las personas al cuidado, y los cuidadores no profesionales. Distintos factores para llegar a un equilibrio emocional. Pero antes conviene destacar algunos de los episodios más habituales que se suelen dar.

Negación a la situación

Habitualmente, los cuidadores principales no profesionales pasan por una primera etapa de negación de la situación, donde no se siente como real el diagnóstico del médico, se vive como que la situación realmente no te está ocurriendo a ti. Es una etapa que ocurre ante cualquier pérdida y es completamente normal. Además, si somos conscientes de ello podremos poner en marcha el plan de acción que comentamos más adelante.

Búsqueda de información

Posteriormente se empieza a comprender mínimamente lo que conlleva la nueva situación y comienza una búsqueda de información sobre la enfermedad de su ser querido. En este punto es fundamental buscar fuentes de información fiables, ya que de lo contrario esa avalancha de información generará un mayor nivel de incertidumbre. Recomendamos buscar información en fuentes medidas como revistas médicas o preguntar en el centro de salud. De igual manera, acudir a fundaciones o asociaciones que trabajen con personas con esa enfermedad en concreto.

Sentimiento de culpa

A la vez de este proceso de búsqueda se suele sentir enfado, frustración o rabia por lo que está ocurriendo. Suele ocurrir una negociación sobre lo que se podría haber hecho de otra manera que quizás hubiera evitado la situación, lo cual genera más enfado y sentimiento de culpa.

Trizteza

Posteriormente suele sentirse un cansancio grande que supone la entrada a una fase de tristeza. Una fase en la que se necesita llorar y se expresa el miedo de poder perder a tu ser querido, de la nueva responsabilidad y de perder la rutina anterior. Los cambios asustan, es completamente normal, pero también conllevan cosas positivas. Y se recomienda buscar en todo este proceso emocional el apoyo de los seres queridos, desahogarse con ellos, comunicar las necesidades tanto a la persona mayor como al resto de la familia y no tener miedo a pedir ayuda. No te hará cuidar peor, sino cuidar mejor.

Aceptación y adaptación

Una vez que este torrente de emociones se calma va llegando la aceptación, la cual permite ir lentamente adaptándose a la nueva situación y poner las medidas necesarias para se desarrolle de la mejor manera posible. Esta adaptación se da a nivel emocional pero también a nivel de horarios, rutinas y elementos indispensables para fomentar la autonomía de la persona mayor tales.

Por ejemplo, hacerse con andadores o sillas de ruedas en caso de que la persona mayor tenga dificultades de movilidad. Otro consejo es etiquetar los objetos que suela usar la persona mayor y hacer un esquema visual de la rutina y pegarlo en la pared en caso de que se sufran olvidos. Así como contar con ayuda profesional o ajustar el horario y el tipo de comida a la medicación que se deba tomar.

Cómo gestionar estos cambios

Estos cambios necesarios se dan de una manera más eficiente y menos costosa si se hacen de manera organizada. Es importante elaborar un plan de acción que permita a la persona mayor ser lo más autónoma posible. Así como al cuidador principal no profesional o informal tener tiempo libre y conservar áreas de su vida fundamentales para su bienestar, tales como su vida social, sus proyectos personales y sus hobbies.

Abordaremos en futuras entradas del blog estas herramientas como las adaptaciones necesarias en el hogar, los horarios que sean sanos e introduzcan actividades lúdicas, crear entornos para la comunicación y la conexión emocional. Es muy importante abordar este momento sabiendo que vendrán momentos complicados, pero también otros buenos y que trabajar por una buena calidad de vida es fundamental tanto para el cuidador principal no profesional como para la persona mayor afectada.

Beatriz Carmena: Psicóloga.

El cuidado de mayores puede ser una tarea complicada cuando la persona tiene alguna enfermedad como Alzheimer o similar. En ocasiones las personas encargadas del cuidado de mayores, ya sean cuidadores profesionales o los propios familiares, sienten extrema preocupación ante diversos síntomas o problemas conductuales. Uno de ellos es el escapismo, e incluso la pérdida y desorientación.

Hay ocasiones en las que la persona comienza a deambular sin finalidad o destino definido. Esto se vuelve un problema extremo cuando comienza a ocurrir fuera del domicilio, existiendo un riesgo de fuga.

El cuidado de mayores es especialmente complicado cuando comienza a preocuparnos que se pierda. Se corre el riesgo de la desaparición de un familiar mayor por periodos largos de tiempo, o incluso de sufrir algún accidente al salir de casa sin ayuda ni supervisión.

Causas de las fugas y desorientación de ancianos

Como en ocasiones anteriores, en el cuidado de mayores que sufren trastornos conductuales de algún tipo se vuelve clave comprender las posibles causas de lo que les está sucediendo. Ya que ellos son los primeros en sufrir en estas circunstancias.

En muchas ocasiones, a pesar de que la persona mayor se vuelva algo más dependiente (ya sea por problemas cognitivos o físicos), sigue teniendo la necesidad de ser autónomo e independiente.

Para tratar de continuar manteniendo el nivel de actividad que solían tener previamente, pueden comenzar a deambular fuera o dentro del domicilio sin un objetivo claro.

También puede suceder que consideren que se encuentran en un entorno hostil dentro del domicilio, ya sea por calor o ruido excesivos, presencia de extraños, etc.

En otras ocasiones, pueden estar tratando de encontrar algo o a alguien.

En el cuidado de mayores comprender la causa de la conducta puede ayudar a paliar la misma, e incluso puede ayudarnos a mostrar más calma cuando nos encontremos la situación de nuevo en el futuro. Afrontar los hechos con tranquilidad es vital para evitar la pérdida y desaparición de personas mayores en el futuro.

Qué se ha de evitar

Ante el riesgo de fuga, en el cuidado de mayores evitar ciertos aspectos puede sernos de extrema ayuda:

  • Evitar entornos con temperaturas extremas, ya sea mucho calor o mucho frío.

 

  • Evitar entornos estresantes, con demasiada gente, mucho ruido, etc. También puede ser importante un nivel adecuado de luz, sin que haya demasiada o muy poca.

 

  • Evita razonamientos o explicaciones, sobre todo si éstas son complicadas o largas. Si tratas de razonar con lógica que no pueden salir fuera del domicilio sin ayuda, pueden sentir que tratas de detenerlos de hacer algo que ellos consideran importante.

 

  • Evita sujeciones mecánicas (cinturones, petos, etc.). Se ha demostrado que el uso de sujeciones mecánicas en el cuidado de mayores ayuda a aumentar el nivel de ansiedad o agitación en los mismos, lo cual solo empeora la situación ante un riesgo de fuga.

 

  • Evitar cambios en el domicilio o reformas en el mismo.

 

Medidas a tomar

Sabiendo qué no se ha de hacer en el cuidado de mayores con riesgo de fuga, vamos a analizar qué sí se debe hacer.

  • Medidas como cerrojos o disimular el pomo de la puerta pueden ser de extrema ayuda para evitar la salida del domicilio. También podemos poner un cascabel en la puerta para identificar cuándo la persona trata de salir, y evitar que lo haga sin nuestro conocimiento.

 

  • Medidas sencillas como colocar una alfombra, felpudo o baldosas negras en la puerta de entrada puede ayudar a evitar que salga. La imaginación siempre es de ayuda en el cuidado de mayores.

 

  • Identificar debidamente a la persona mayor, con su nombre y dirección, en caso de que se pierda y alguien, como un policía, pueda encontrarle. También podemos añadir una inscripción que indique los problemas de memoria, y puede ayudarnos el uso de complementos con GPS incorporado.

 

  • Realización de ejercicio físico controlado. También anticiparnos a la fuga saliendo con ellos a dar paseos por la zona. La rutina siempre será de utilidad en estos casos.

 

  • Instalar una alarma o detectores de movimiento.

 

  • Facilitar un entorno seguro para pasear en el domicilio o jardín particular, que no suponga un riesgo para la persona.

 

  • Señales visuales, como una señal de stop en la puerta, o ayudas que facilitan la orientación espacial de la persona y le permitan identificar dónde se encuentran. La orientación espacio – temporal es el “eterno olvidado” en el cuidado de mayores, ya que interpretamos erróneamente que al no acordarse tiempo después, no es de verdadera utilidad. La realidad es que les proporciona un mayor sentido de estabilidad.

A lo largo de la vida vamos teniendo diferentes ocupaciones que nos mantienen muy activos como el trabajo o la familia. Cuando ya se acerca la edad de jubilación esto cambia, ya que los hijos se independizan y de pronto no hay que ir más a trabajar. Por ello es importante entender que gestionar todos estos cambios puede ser a nivel emocional y práctico un reto. A continuación, vamos a hablar de algunas ideas que pueden ayudar a conseguir una vejez activa y sana:

Este es el mejor camino para envejecer de una forma saludable.

Planificar el tiempo

El tiempo libre es una de las cosas más valiosas de este periodo de la vida, pero también puede ser agobiante. Por eso, es fundamental establecer una rutina que te permita hacer, a lo largo del día, las pequeñas obligaciones, incluyendo también actividades que te gusten y te hagan sentir bien.

Para ello, será de ayuda tener horarios para la hora de levantarse, las comidas, las tareas y los entretenimientos.

Tener hábitos de vida saludables

El punto anterior nos lleva directos a hablar de la importancia de hacer que esta rutina sea sana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el envejecimiento saludable comienza con “hábitos saludables en fases anteriores de la vida”. Por ello, cuanto antes nos pongamos a ello, mejor. Esta rutina sana implica a nuestro cuerpo y nuestra mente.

Mantener un cuerpo sano

Es fácil decirlo, pero la práctica conlleva una serie de rutinas y actividades diarias que ayudarán a mantener el cuerpo en las mejores condiciones para afrontar la vejez. Unas recomendaciones que son realmente necesarias desde la juventud para crear ese hábito y acostumbrar al cuerpo a un buen estado de forma.

Entre los hábitos principales para mantener un cuerpo sano se encuentran estos que pasamos a aconsejar:

Cuidar la alimentación

mantener una dieta equilibrada, basada en el consumo de frutas, verduras, legumbres, carnes, pescados y azúcares en la proporción adecuada.

Una idea que, además de promover la alimentación saludable, hace que sea más divertida, es buscar diferentes recetas para hacer nuevos platos. Para esto podemos usar libros de recetas, páginas de internet y simplemente preguntar a las personas de nuestro entorno. Esto además nos aportará una interacción con los demás y un nuevo tema de conversación, y quién sabe, quizá un nuevo entretenimiento.

Rigurosidad en las revisiones médicas

es muy importante hacerse chequeos médicos de forma regular a lo largo de nuestra vida. Aunque a esta edad resulta fundamental. Esto nos permitirá detectar a tiempo cualquier problemática de mayor o menor gravedad y disponer de herramientas como las gafas o los audífonos que nos permitirán aumentar nuestro bienestar ya que nos permitirán ser más autónomos y relacionarnos mejor con el entorno y con los demás.

Mantenerse en forma

El deporte tiene diversos beneficios biológicos y psicológicos. Permite aumentar la resistencia física, la fuerza o la flexibilidad, previene lesiones musculares, mejora los reflejos, el equilibrio y la coordinación, lo cual reduce el riesgo de caídas. Para saber más puedes informarte en nuestra entrada sobre formas en las que puede hacer deporte una persona mayor.

Tiempo y calidad del sueño

Para esto es importante tener una rutina con horarios y hacer lo que llamamos una higiene del sueño. Esto consiste en detectar aquello que nos impide dormir bien como pueden ser pequeñas luces, ruidos o el ver películas que nos activen mucho antes de dormir. Y buscar aquellas cosas que nos ayudan a dormir mejor como por ejemplo cenar ligero o hacer algo relajante antes de dormir. Para saber más sobre la rutina de sueño en personas mayores puedes informarte en nuestro blog.

Mantener la mente sana

Es importante mantener la mente activa y tener proyectos a futuro. Antes hablamos de incluir cosas que nos hagan sentir bien en nuestra rutina. Estas pueden ser hobbies o entretenimientos que ya tenías, o el inicio de otros nuevos. Algunos ejemplos pueden ser la lectura, conocer lugares nuevos, cocinar, hacer puzzles, costura, trabajo con madera o jardinería, entre muchos otros.

Una manera de poder continuar haciendo estas actividades cuando la vista o las manos empiezan a fallar es buscar libros con letras más grandes. Así como agujas y lanas más grandes para los que estén interesados en estas actividades.  También se puede aplicar esto a puzles de piezas grandes o a macetas con plantas colocadas sobre mesas para no tener que agacharse.

Además de tener proyectos que te ilusionen y te sientas capaz de hacer, tenemos otras herramientas para aumentar el bienestar en nuestro día a día como tratar de disfrutar el momento siendo consciente del mismo, hacer una lista con aquellas cosas que van bien en nuestra vida, la meditación y los ejercicios de relajación, el quererse a uno mismo y el agradecimiento.

Adaptación de la casa

Puede que ahora haya cosas para las que se necesiten más tiempo, se tengan que tomar más precauciones o se necesiten ciertos apoyos con la vejez. A la vez, también es importante seguir sintiéndose capaz e independiente. Una de las maneras de hacer esto compatible, es adaptar la casa a esta nueva etapa, por ejemplo, cambiando la bañera por una ducha para facilitar el aseo, disminuir el número de escaleras de la casa o poner las cosas accesibles, seguras y cómodas.

Relaciones sociales

La soledad es uno de los mayores problemas que sufren las personas mayores. Por ello es importante combatirlo de forma activa tanto por parte de la persona mayor como por la de su entorno. Tener un hábito de contactar con la gente que quieres como familiares o amigos es fundamental. También las llamadas telefónicas periódicas generan bienestar. También se pueden buscar nuevos círculos sociales mediante grupos organizados para hacer actividades que te interesen como pasear, visitas de museos, hacer manualidades, clubs de lectura o la universidad de mayores.

Actualmente, debido al Covid-19, estamos en una situación de alto aislamiento social, por ello hay que hacer un esfuerzo más que nunca y estar en contacto por medio de llamadas telefónicas o videollamadas a las personas que queremos e interactuar con los que tenemos más cerca como vecinos, familia o amigos.

Cualquier persona en edad avanzada requiere de una serie de ayudas y cuidados intensivos, bien sean sanitarios y clínicos, o de cuidados diarios. Con independencia del grado de dependencia, estas ayudas son necesarias y muy útiles para estas personas. Pero conviene tener claro los diferentes perfiles y distinguir claramente el trabajo de una cuidadora social de ancianos, del de cualquier auxiliar de asistencia sanitaria en casa.

Para ayudar a diferenciar ambos perfiles, profundizamos en las capacidades y cometidos de cada una de estas personas y profesiones. Para que no haya ningún tipo de duda sobre en qué consisten las labores de una enfermera a domicilio, y los servicios que puede ofrecer un cuidador/a del hogar de personas mayores.

Mejor bienestar para las personas mayores

Una de las máximas indispensables es el trabajo con diligencia para el cuidado del segmento de población copado por personas mayores. Esto implica un ordenamiento claro en las tareas que deben realizar cada profesional. No es lo mismo ‘asistir’ que ‘cuidar’, ambas funciones contemplan situaciones distintas y un rol diferente.

Se tiende a generalizar, pero para ello existen personas cuya implicación es máxima en sus labores. Y aunque el objetivo final siempre sea el de mejorar el bienestar de una persona mayor, los medios y las necesidades varían, al igual que las personas que se encargan de ello.

Tareas de las enfermeras a domicilio

¿Quiénes son las enfermeras a domicilio? La asistencia a domicilio por parte de enfermeras y auxiliares conlleva consigo una serie de tareas asociadas. Vinculadas a la figura clínica y sanitaria de este tipo de profesionales vitales para el cuidado de la salud de personas mayores y de personas en cualquier rango de edad dependientes y sin posibilidad de poder acudir asiduamente a centros hospitalarios.

Las tareas de una enfermera a domicilio deben estar claras y se agrupan en unas técnicas y necesidades asociadas a ellas que solo esta figura puede realizar, a no ser que sus directrices sean otras. Pero siempre deben estar supervisadas y supeditadas por el análisis del personal médico correspondiente.

Entre las labores principales y básicas que recaen del lado de la asistencia sanitaria a personas mayores están algunas como las siguientes:

Inyecciones y medicamentos

La prescripción de medicamentos, así como el suministro de inyecciones (por la vía más adecuada) está delimitado a la tarea de las enfermeras. Una aplicación incorrecta de estos medicamentos e inyecciones pueden tener consecuencias graves para la persona mayor.

Rehabilitación

Los ejercicios de rehabilitación propios asignados a una persona de estas características, con pérdida de movilidad, y reducción de autonomía también tienen que estar vigilados de forma periódica por un responsable sanitario, profesional en esta área de trabajo.

Curar heridas

La curación de ciertas heridas, así como el análisis y evolución de las mismas es otra de las labores de cualquier asistenta sanitaria o enfermera a domicilio. En el caso de personas mayores están relacionados, en gran medida, con temas de úlceras en la piel, o caídas mismas por pérdida de estabilidad.

En este punto también cabe destacar todo lo que envuelve a los vendajes.

Atención por dolores

Ante el más mínimo riesgo de dolor, pérdida de respiración, o problema incipiente, cualquier técnica para mitigar este dolor la debe realizar una enfermera o asistente sanitario.

Tareas de las cuidadoras de ancianos

En el caso de las cuidadoras a domicilio de ancianos, la cosa cambia. Son funciones distintas. Sobre todo enfocadas a un bienestar social y desarrollo de las actividades cotidianas diarias. Cabe enfatizar la proactividad y el acompañamiento constante que ofrecen este perfil de cuidadores de personas mayores.

Una de las labores principales de los cuidadores de personas mayores es su capacitación para encargarse de la toma de decisiones por parte de la persona que está siendo atendida. Y más allá de esto, otras de las más relevantes son:

Mayor implicación personal

Al final, el cuidador interno va a pasar mucho tiempo con un anciano y persona mayor dependiente. Deben estar cómodos, y debe haber una implicación máxima y apoyo constante entre los dos.

Cobertura de necesidades básicas de las personas atendidas

Esta persona encargada de cuidar a un anciano debe estar preparada para realizar todas las labores de asistencia básica. Desde vestir, lavar, la higiene, la alimentación… las tareas propias del hogar, como del aseo y cuidado.

Disposición y experiencia

Una persona vocacional por ayuda a los demás, servicial y atenta, que además cuente con experiencia en este ámbito es especialmente agradable y adecuada para este tipo de empleos más personales y familiares.

Paseos y rutina

Aunque se traten de cuidados de personas internas de avanzada edad, este tipo de personas necesitan ejercicio. Los paseos son una de las rutinas más recomendadas. Algo que también va a cargo de los cuidadores que serán los que acompañen habitualmente a estas personas a sus paseos, ya sean por su propio pie, con ayuda de bastones, sillas de ruedas o andadores para ancianos.

 

A lo largo de la vida vemos cómo las personas de nuestro entorno van envejeciendo. A este proceso asociamos cambios en la persona. Cambios en el carácter, apatía o falta de emoción, entusiasmo o motivación, aislamiento social, dificultad en la toma adecuada de decisiones, desorientación espacial y temporal u olvidos recurrentes. Pero lo cierto es que esta normalización es errónea y produce una disminución de la calidad de vida de la persona mayor. Además de una falta de tratamiento ante los problemas que se puedan estar manifestando a través de estos síntomas.

Estos olvidos repetidos, desorientación o cambios en la forma de ser entre otros pueden ser una señal de diversos problemas. Uno de los más comunes, aunque no único, es la demencia, pero ¿qué es la demencia?  

Qué es la demencia senil

La demencia es, según la Organización Mundial de la Salud, un síndrome debido a una enfermedad o una lesión cerebral u otra afección causante de disfunción cerebral. Estas afecciones generan déficits en las funciones corticales superiores. Estas son las que se encargan de la memoria, el pensamiento, la orientación, la compresión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el juicio y el lenguaje. Suele ser de naturaleza crónica y progresiva. Y en fases muy avanzadas genera una gran dependencia. Todo ello repercute en el día a día de la persona en sus actividades habituales y alteran su nivel de conciencia.

La demencia suele afectar a las personas mayores y es una de las principales causas de que este colectivo sufra discapacidad y dependencia en todo nuestro planeta. Aun así, es necesario insistir, la demencia en mayores no es una consecuencia normal del envejecimiento.

Causas y consecuencias de la demencia en mayores

Es relevante diagnosticar el tipo de demencia de manera correcta porque esto nos va a permitir dar a nuestra persona mayor un tratamiento médico adecuado. Así como adaptar tanto el estilo de vida como el espacio doméstico a aquellas capacidades perdidas y fortalecer aquellas que la persona conserve para que pueda ser lo más independiente posible. De esta manera, se podrá mejorar su calidad de vida y dará mayor tranquilidad y herramientas, tanto a la persona afectada como a su entorno.

Las personas con esta enfermedad suelen vivir mucho años después de su diagnóstico, por lo que es fundamental que se aborde de la mejor manera posible. Una vez que se supera el miedo al diagnóstico, y se tiene información, se puede pasar a la acción. Nunca debemos olvidar que la información contrastada es poder.

Para diferenciar los diferentes tipos de demencias, los profesionales utilizan diferentes pruebas objetivas y de neuroimagen como la resonancia magnética (RM), junto con pruebas neuropsicológicas, entrevistas a familiares y distintos tests que permitan descartar otras enfermedades. Aun así, en ocasiones, los síntomas no son exclusivos de un tipo de demencia y hace que sea difícil establecer un diagnóstico concreto.

Tipos de demencia y síntomas de la demencia

Demencia tipo Alzheimer

Se caracteriza por ser una de las más comunes entre las personas mayores. La persona que la desarrolla, desde el inicio tiene problemas en la memoria a corto plazo, desorientación y problemas en el lenguaje.

Demencia por Parkinson

Algunas personas con Parkinson desarrollan este tipo de demencia, que se caracteriza por grandes dificultades para mantener la atención y en el razonamiento y toma de decisiones, y se pueden dar cambios de humor y falta de motivación o emociones.

Demencia Vascular

La demencia vascular es una consecuencia de un accidente vascular y sus manifestaciones dependen de las zonas afectadas por el mismo. Se pueden dar cambios en la personalidad, perdida de iniciativa, desorientación, agitación, problemas del lenguaje, del movimiento o de memoria entre otros.

Demencia Frontotemporal

La demencia frontotemporal se caracteriza por cambios en el carácter y comportamientos alterados, impulsividad y desinhibición que, por ejemplo, se observa en un incumplimiento de las normas sociales, falta de motivación o apatía.

Demencias por Cuerpos de Lewy

En diagnósticos de demencia por Cuerpos de Lewy se encuentran unos síntomas psiquiátricos claros como alucinaciones o depresión. Junto con síntomas cognitivos, por ejemplo, problemas de memoria propios del Alzheimer y síntomas de Parkinson, como la rigidez articular o temblores.

Hemos realizado una descripción más detallada de cada uno de los tipos de demencia en la entrada del blog sobre ‘Tipos de demencia’ para aquellas personas que deseen más información.

Queremos concluir recordando la relevancia de acudir al profesional de referencia, ya sea neurólogo, neuropsicólogo, médico de cabecera o geriatra para poder hacer un buen diagnóstico y plan de acción adecuado. Todo para que pueda dar apoyo ante las capacidades perdidas y fortalecer aquellas que están preservadas. Es importante también conocer los recursos sociales, profesionales, legales y toda la ayuda que el entorno puede proporcionar a la familia. Continuaremos tratando algunos de estos temas en próximas entradas de nuestro blog.

Realizado por Beatriz Carmena. Psicóloga.

 

La demencia es uno de los principales problemas que afecta a la salud y calidad de vida de las personas mayores en todo el planeta. Ya se explicó en detalle lo que es la demencia y lo importante que es tener un diagnóstico concreto para poder establecer un plan de acción en función de los síntomas que tenga la persona mayor.

A continuación, se describen algunos de los tipos de demencia más comunes en ancianos, con el objetivo de proporcionar información a aquellas personas que ya tengan un diagnóstico, o para aquellas que estén notando cambios en su ser querido y necesiten comprender qué puede estar ocurriendo.

Aunque la información descrita está contrastada, siempre recomendamos acudir al médico de referencia para poder saber qué está pasando y poder realizar un buen plan de acción en función del diagnóstico. Por último, aconsejamos hacer un pequeño registro de lo que está ocurriendo, para poder informar al médico con mayor precisión.

A continuación, describimos en detalle algunos de los tipos de demencia habituales en personas mayores:

Enfermedad de Alzheimer

El alzheimer es una de las causas de demencia más común, ya que supone entre un 60% y 70% de los casos. No se conoce exactamente el origen de esta enfermedad. Hay tres subtipos de Alzheimer: demencia presenil tipo Alzheimer, que tiene un inicio precoz y de desarrollo rápido y suele darse cuando hay antecedentes familiares; la demencia senil tipo Alzheimer, que suele ser de inicio insidioso y progresivo. Y, por último, el subtipo atípico o mixto, en el que se engloban a las personas que tienen síntomas de ambos subtipos.

En el desarrollo habitual del Alzheimer suelen estar afectadas los siguientes aspectos, sufriendo un progresivo deterioro:

  • La memoria a corto plazo, es decir, el recuerdo de lo vivido o aprendido recientemente, junto con olvidos frecuentes. Aunque quedan preservados aquellos conceptos muy bien arraigados.
  • Desorientación espacial y temporal.
  • Disminuye la capacidad de nombrar y realizar cálculos, el manejo de conceptos abstractos y la fluidez en el habla.
  • Disminución de la iniciativa
  • Solo en fases avanzadas, se pueden dar comportamientos de agresividad, alucinaciones o hiperactividad.

Parkinson con demencia

Entre el 20 y el 30% de las personas con Parkinson también desarrollan síntomas de demencia. En concreto sus manifestaciones más comunes, junto con las propias de la enfermedad de Parkinson, serían:

  • Dificultad para mantener la atención,
  • Dificultad en aspectos como la toma de decisiones o el razonamiento, al igual que un enlentecimiento en la capacidad de pensar.
  • En las primeras etapas de la enfermedad no hay dificultades en el lenguaje, aunque según avanza la enfermedad suele haber problemas en la capacidad de nombrar.
  • Alteraciones en la memoria,
  • Cambios de humor y apatía, es decir falta de motivación, emoción o entusiasmo por las cosas. Se ha comprobado que el 30% de las personas que sufren este tipo de demencia también desarrollan depresión.
  • Progresivamente pueden aparecer delirios o alucinaciones, al igual que alteraciones en el sueño.

Demencia vascular

La demencia vascular en general suele darse en edades avanzadas y puede darse sola o convivir con otras como la de enfermedad de Alzheimer o Parkinson cuando hay síntomas previos. Pero se diferencia de ellas en que tiene un inicio brusco y en que es la consecuencia de un accidente vascular. Estos accidentes pueden deberse a factores como la hipertensión, problemas en los conductos sanguíneos como las neurismas, la diabetes mellitus, el tabaquismo o la obesidad.

Por otro lado, la evolución de la persona es diferente según el caso, pudiendo ser aguda o gradual y los síntomas difieren en función de las zonas dañadas del cerebro. Estos pueden ser entre otros:

  • Cambios en la personalidad.
  • Perdida de iniciativa, motivación y espontaneidad.
  • Agitación, confusión, desorientación.
  • Dificultad para razonar.
  • Problemas de memoria como la amnesia.
  • Problemas en el lenguaje y la escritura.
  • Problemas en el movimiento.

Demencia frontotemporal

Este tipo de demencia se llama frontotemporal por las zonas del cerebro que se encuentran afectadas en su desarrollo. En un principio la persona tiene unos síntomas como:

  • Desinhibición, impulsividad y comportamientos alterados en los que se incumplen las normas sociales.
  • Cambios lentos y progresivos de carácter.
  • Apatía o falta de motivación, emoción o entusiasmo.
  • Cambios en la alimentación,
  • Habla excesiva.
  • Comportamientos repetitivos.

En fases avanzadas es cuando aparecen los síntomas relacionados con la capacidad de atención, siendo esta una de las áreas más afectadas. También existe una dificultad de comprensión de temas complejos y en la planificación, junto con una la disminución de la capacidad de escribir. El cálculo, la memoria, las habilidades motoras o el reconocimiento visual se encuentran preservados hasta momentos ya muy avanzados de la enfermedad. Este aspecto nos permite diferenciar este tipo de demencia del Alzheimer, donde aparecen afectadas en el inicio de la enfermedad.

Demencias por cuerpos de Lewy

Este tipo de demencia incluye síntomas de la enfermedad de Alzheimer y de la de Parkinson junto unos síntomas psiquiátricos fuertes. Los síntomas más frecuentes son:

  • Alucinaciones, sobre todo visuales, ilusiones o depresión.
  • Similar al Alzheimer encontramos el deterioro de la parte cognitiva, aunque en la Demencia por Cuerpos de Lewy se da un mayor trastorno de la atención, la concentración, la fluidez en el habla o la capacidad visoespacial, es decir, de representar y manejar objetos mentalmente.
  • En común con el Parkinson, encontramos, lentitud en los movimientos, rigidez articular y a veces temblor, alteraciones en la marcha, desequilibrio y pérdidas inexplicables de conciencia.

Realizado por Beatriz Carmena. Psicóloga.

¿Descansamos bien durante el día? 24 horas pueden hacerse muy largas, y en hábitos de rutina y reducción de actividad de las personas mayores esto suele ir a más. Un sector de población envejecida cuya energía se ve mermada, y que por ello, necesitan un descanso adecuado. Pero, ¿cuánto debe dormir una persona mayor?, ¿puede aparecer el insomnio?, ¿qué es la hiperinsomnia? Nos centramos en darte respuesta a todas estas cuestiones.

Existen ciertos patrones de descanso para las personas mayores. Estos se pueden ver interrumpidos o prolongados. En ambos casos, conviene acudir a un especialista para evaluar las causas que puedan estar provocando este problema.

Horas de sueño de un anciano

En función de ciertos intervalos de edad, las horas de sueño recomendadas para cada persona pueden variar. En el caso de las personas mayores de 65 años, se deben respetar un horario de unas 7-8 horas de sueño al día. ¿Realmente se cumple? Lo más aconsejable es que se respete el descanso en el periodo nocturno.

En realidad, lo que suele ocurrir es que no siempre se cumple este horario de descanso de las personas mayores durante la noche, ya que suelen darse interrumpidos despertares y momentos continuados de ir al baño.

Esto hace que muchas veces se tienda a recuperar el sueño en horas diurnas.

Beneficios del sueño en personas mayores

Para las personas en edad avanzada, recurrir al descanso y al sueño supone un gran alivio. Supone una ayuda vital en muchos sentidos. Conseguir que un anciano duerma adecuadamente es una de las mejores medicinas que se pueden tener. El descanso lo cura todo, y entre algunos de los grandes beneficios de un buen descanso en mayores destacan estos:

  • Reducción de afecciones inflamatorias
  • Fortalecimiento del sistema inmunológico
  • Minimiza los episodios de estrés
  • Ayuda a estar en un peso adecuado y reduce la obesidad
  • Consigue disminuir los riesgos a sufrir demencia

Problemas de descanso en ancianos

Pese a todas estas ventajas que supone un buen descanso en las personas mayores, hay ancianos que sufren severos problemas de sueño. En estos casos, conviene diferenciar entre aquellas personas cuyo problema reside en el insomnio y la imposibilidad de dormir bien, y otro grupo de personas mayores cuya patología es la contraria; una dependencia al sueño y descansos continuados a lo largo de todo el día.

Dormir poco (insomnio)

Partiendo de la base de que una persona de más de 65 años puede despertarse por las noches varias veces, sin necesidad de que esto esté relacionado con ninguna enfermedad. Sí que hay otros contextos en los que un mal descanso pueda deberse a ciertas patologías o enfermedades que impidan un correcto sueño y generación de insomnio.

Desde problemas cardíacos, depresión, Alzheimer, la toma de ciertos medicamentos, estrés… estos son algunas de las posibles causas del insomnio en personas mayores.

Se pueden realizar ciertas pautas de horarios y rutinas que ayuden a estimular el sueño y establecer pautas por parte de un cuidador. En otros casos, esta pérdida de sueño puede deberse a un insomnio crónico, en estas situaciones convendrá la ayuda médica y el uso de tratamientos farmacológicos.

Dormir mucho (hiperinsomnio)

Puede darse el caso, y suele ocurrir, de personas mayores que duermen en una medida excesiva. Esto también puede llegar a ser contraproducente. A este trastorno se le conoce como hiperinsomnio, y también puede ser tratado.

En este caso se ejemplifica en aquellas personas adultas, en edad avanzada, que duermen más horas de las que necesitarían. Este trastorno provoca una serie de complicaciones en el día a a día como son:

  • Fatiga
  • Modificación de la conducta
  • Pérdida de memoria y pérdida sensorial
  • Confusión
  • Problemas asociados a la psicomotricidad

Para prevenir este trastorno también se recomiendan tomar unas pautas, sobre todo asociada al tema horario, alimentación y ejercicio.