La demencia es uno de los principales problemas que afecta a la salud y calidad de vida de las personas mayores en todo el planeta. Ya se explicó en detalle lo que es la demencia y lo importante que es tener un diagnóstico concreto para poder establecer un plan de acción en función de los síntomas que tenga la persona mayor.

A continuación, se describen algunos de los tipos de demencia más comunes en ancianos, con el objetivo de proporcionar información a aquellas personas que ya tengan un diagnóstico, o para aquellas que estén notando cambios en su ser querido y necesiten comprender qué puede estar ocurriendo.

Aunque la información descrita está contrastada, siempre recomendamos acudir al médico de referencia para poder saber qué está pasando y poder realizar un buen plan de acción en función del diagnóstico. Por último, aconsejamos hacer un pequeño registro de lo que está ocurriendo, para poder informar al médico con mayor precisión.

A continuación, describimos en detalle algunos de los tipos de demencia habituales en personas mayores:

Enfermedad de Alzheimer

El alzheimer es una de las causas de demencia más común, ya que supone entre un 60% y 70% de los casos. No se conoce exactamente el origen de esta enfermedad. Hay tres subtipos de Alzheimer: demencia presenil tipo Alzheimer, que tiene un inicio precoz y de desarrollo rápido y suele darse cuando hay antecedentes familiares; la demencia senil tipo Alzheimer, que suele ser de inicio insidioso y progresivo. Y, por último, el subtipo atípico o mixto, en el que se engloban a las personas que tienen síntomas de ambos subtipos.

En el desarrollo habitual del Alzheimer suelen estar afectadas los siguientes aspectos, sufriendo un progresivo deterioro:

  • La memoria a corto plazo, es decir, el recuerdo de lo vivido o aprendido recientemente, junto con olvidos frecuentes. Aunque quedan preservados aquellos conceptos muy bien arraigados.
  • Desorientación espacial y temporal.
  • Disminuye la capacidad de nombrar y realizar cálculos, el manejo de conceptos abstractos y la fluidez en el habla.
  • Disminución de la iniciativa
  • Solo en fases avanzadas, se pueden dar comportamientos de agresividad, alucinaciones o hiperactividad.

Parkinson con demencia

Entre el 20 y el 30% de las personas con Parkinson también desarrollan síntomas de demencia. En concreto sus manifestaciones más comunes, junto con las propias de la enfermedad de Parkinson, serían:

  • Dificultad para mantener la atención,
  • Dificultad en aspectos como la toma de decisiones o el razonamiento, al igual que un enlentecimiento en la capacidad de pensar.
  • En las primeras etapas de la enfermedad no hay dificultades en el lenguaje, aunque según avanza la enfermedad suele haber problemas en la capacidad de nombrar.
  • Alteraciones en la memoria,
  • Cambios de humor y apatía, es decir falta de motivación, emoción o entusiasmo por las cosas. Se ha comprobado que el 30% de las personas que sufren este tipo de demencia también desarrollan depresión.
  • Progresivamente pueden aparecer delirios o alucinaciones, al igual que alteraciones en el sueño.

Demencia vascular

La demencia vascular en general suele darse en edades avanzadas y puede darse sola o convivir con otras como la de enfermedad de Alzheimer o Parkinson cuando hay síntomas previos. Pero se diferencia de ellas en que tiene un inicio brusco y en que es la consecuencia de un accidente vascular. Estos accidentes pueden deberse a factores como la hipertensión, problemas en los conductos sanguíneos como las neurismas, la diabetes mellitus, el tabaquismo o la obesidad.

Por otro lado, la evolución de la persona es diferente según el caso, pudiendo ser aguda o gradual y los síntomas difieren en función de las zonas dañadas del cerebro. Estos pueden ser entre otros:

  • Cambios en la personalidad.
  • Perdida de iniciativa, motivación y espontaneidad.
  • Agitación, confusión, desorientación.
  • Dificultad para razonar.
  • Problemas de memoria como la amnesia.
  • Problemas en el lenguaje y la escritura.
  • Problemas en el movimiento.

Demencia frontotemporal

Este tipo de demencia se llama frontotemporal por las zonas del cerebro que se encuentran afectadas en su desarrollo. En un principio la persona tiene unos síntomas como:

  • Desinhibición, impulsividad y comportamientos alterados en los que se incumplen las normas sociales.
  • Cambios lentos y progresivos de carácter.
  • Apatía o falta de motivación, emoción o entusiasmo.
  • Cambios en la alimentación,
  • Habla excesiva.
  • Comportamientos repetitivos.

En fases avanzadas es cuando aparecen los síntomas relacionados con la capacidad de atención, siendo esta una de las áreas más afectadas. También existe una dificultad de comprensión de temas complejos y en la planificación, junto con una la disminución de la capacidad de escribir. El cálculo, la memoria, las habilidades motoras o el reconocimiento visual se encuentran preservados hasta momentos ya muy avanzados de la enfermedad. Este aspecto nos permite diferenciar este tipo de demencia del Alzheimer, donde aparecen afectadas en el inicio de la enfermedad.

Demencias por cuerpos de Lewy

Este tipo de demencia incluye síntomas de la enfermedad de Alzheimer y de la de Parkinson junto unos síntomas psiquiátricos fuertes. Los síntomas más frecuentes son:

  • Alucinaciones, sobre todo visuales, ilusiones o depresión.
  • Similar al Alzheimer encontramos el deterioro de la parte cognitiva, aunque en la Demencia por Cuerpos de Lewy se da un mayor trastorno de la atención, la concentración, la fluidez en el habla o la capacidad visoespacial, es decir, de representar y manejar objetos mentalmente.
  • En común con el Parkinson, encontramos, lentitud en los movimientos, rigidez articular y a veces temblor, alteraciones en la marcha, desequilibrio y pérdidas inexplicables de conciencia.

Realizado por Beatriz Carmena. Psicóloga.

¿Descansamos bien durante el día? 24 horas pueden hacerse muy largas, y en hábitos de rutina y reducción de actividad de las personas mayores esto suele ir a más. Un sector de población envejecida cuya energía se ve mermada, y que por ello, necesitan un descanso adecuado. Pero, ¿cuánto debe dormir una persona mayor?, ¿puede aparecer el insomnio?, ¿qué es la hiperinsomnia? Nos centramos en darte respuesta a todas estas cuestiones.

Existen ciertos patrones de descanso para las personas mayores. Estos se pueden ver interrumpidos o prolongados. En ambos casos, conviene acudir a un especialista para evaluar las causas que puedan estar provocando este problema.

Horas de sueño de un anciano

En función de ciertos intervalos de edad, las horas de sueño recomendadas para cada persona pueden variar. En el caso de las personas mayores de 65 años, se deben respetar un horario de unas 7-8 horas de sueño al día. ¿Realmente se cumple? Lo más aconsejable es que se respete el descanso en el periodo nocturno.

En realidad, lo que suele ocurrir es que no siempre se cumple este horario de descanso de las personas mayores durante la noche, ya que suelen darse interrumpidos despertares y momentos continuados de ir al baño.

Esto hace que muchas veces se tienda a recuperar el sueño en horas diurnas.

Beneficios del sueño en personas mayores

Para las personas en edad avanzada, recurrir al descanso y al sueño supone un gran alivio. Supone una ayuda vital en muchos sentidos. Conseguir que un anciano duerma adecuadamente es una de las mejores medicinas que se pueden tener. El descanso lo cura todo, y entre algunos de los grandes beneficios de un buen descanso en mayores destacan estos:

  • Reducción de afecciones inflamatorias
  • Fortalecimiento del sistema inmunológico
  • Minimiza los episodios de estrés
  • Ayuda a estar en un peso adecuado y reduce la obesidad
  • Consigue disminuir los riesgos a sufrir demencia

Problemas de descanso en ancianos

Pese a todas estas ventajas que supone un buen descanso en las personas mayores, hay ancianos que sufren severos problemas de sueño. En estos casos, conviene diferenciar entre aquellas personas cuyo problema reside en el insomnio y la imposibilidad de dormir bien, y otro grupo de personas mayores cuya patología es la contraria; una dependencia al sueño y descansos continuados a lo largo de todo el día.

Dormir poco (insomnio)

Partiendo de la base de que una persona de más de 65 años puede despertarse por las noches varias veces, sin necesidad de que esto esté relacionado con ninguna enfermedad. Sí que hay otros contextos en los que un mal descanso pueda deberse a ciertas patologías o enfermedades que impidan un correcto sueño y generación de insomnio.

Desde problemas cardíacos, depresión, Alzheimer, la toma de ciertos medicamentos, estrés… estos son algunas de las posibles causas del insomnio en personas mayores.

Se pueden realizar ciertas pautas de horarios y rutinas que ayuden a estimular el sueño y establecer pautas por parte de un cuidador. En otros casos, esta pérdida de sueño puede deberse a un insomnio crónico, en estas situaciones convendrá la ayuda médica y el uso de tratamientos farmacológicos.

Dormir mucho (hiperinsomnio)

Puede darse el caso, y suele ocurrir, de personas mayores que duermen en una medida excesiva. Esto también puede llegar a ser contraproducente. A este trastorno se le conoce como hiperinsomnio, y también puede ser tratado.

En este caso se ejemplifica en aquellas personas adultas, en edad avanzada, que duermen más horas de las que necesitarían. Este trastorno provoca una serie de complicaciones en el día a a día como son:

  • Fatiga
  • Modificación de la conducta
  • Pérdida de memoria y pérdida sensorial
  • Confusión
  • Problemas asociados a la psicomotricidad

Para prevenir este trastorno también se recomiendan tomar unas pautas, sobre todo asociada al tema horario, alimentación y ejercicio.

 

Cuando los cuidadores tratan con personas mayores, ya sean cuidadores profesionales o los propios familiares, pueden surgir desafíos como alteraciones conductuales que dificulten la tarea. En etapas avanzadas de enfermedades como el Alzheimer podemos encontrar los llamados y temidos “síntomas psicóticos”: delirios y alucinaciones. Lo primero que los cuidadores de las personas mayores tienen que entender es que no se trata de enfermedades, sino de síntomas que pueden estar, o no, presentes en una enfermedad.

Comencemos diferenciando y entendiendo si realmente pueden darse episodios de delirios y cómo distinguirlos.

Delirios en personas mayores

Es una creencia firme relativa a la realidad que nos rodea, a pesar de las evidencias existentes de la falsedad de dicha creencia. Lo primero que los cuidadores notarán, será que, aunque muchas personas mayores puedan tener delirios, estos pueden ser muy distintos según el tema sobre el que versen.

Según esto, hay diferentes tipos de delirios en la vejez. Veamos algunos de los más comunes:

Persecución

La manía persecutoria se activa en el momento en el que un anciano se siente observado. O circunstancias repetitivas generadas por la obsesión de pensar que la gente habla de ellos constantemente, etc.

Sensación de estar en la ruina

Esta sensación se produce al considerar que están en un estado de extrema pobreza, sin recursos.

Celos en la vejez

A menudo sienten que los cuidadores, sobre todo si son cuidadores profesionales, han seducido a su pareja, o creen que su pareja no les es fiel.

Afán de protagonismo

Cualquier cosa que sucede alrededor, o que hagan sus familiares, cuidadores, profesionales médicos, etc., está directamente relacionada con ellos.

Alucinaciones en personas mayores

Es una percepción que se produce en ausencia de un estímulo físico que la provoque. No es lo mismo que ilusión, es decir, una interpretación errónea de un estímulo externo existente. Es decir, no es lo mismo ver a alguien que no está presente, que ver a tu nieta y pensar que es tu hija.

También hay diferentes tipos de alucinaciones, según el sentido con el que se perciban: pueden ser auditivas, visuales, somáticas (una sensación corporal como una quemadura, por ejemplo), olfativas, gustativas, etc.

Pautas y medidas a tomar frente a alucinaciones en ancianos

Cuando los cuidadores de personas mayores detecten delirios o alucinaciones, será vital avisar a su médico o neurólogo, ya que será él quien determine la actuación a tomar. Es muy importante nunca automedicar a la persona, ya que se desconoce el efecto que la medicación puede producir, y será el profesional quien establezca si es necesario variar, aumentar o disminuir la medicación prescrita.

Cuando la alucinación o el delirio no sea puntual, será tarea de los cuidadores crear un entorno tranquilo y adecuado que sea lo más adecuado posible para la persona mayor.

A continuación, presentamos algunas pautas que pueden ayudar:

Favorecer las relaciones sociales

Una forma de favorecer la interacción social es que los cuidadores den conversación a la persona, que hablen por teléfono o en persona con familiares y amigos, que coman con los cuidadores o familiares con los que convivan, etc. Esto puede favorecer un sentimiento de seguridad y tranquilidad para la persona.

Favorecer la orientación espacio temporal y personal

Explicarles bien las cosas, decirles la hora, dejarle a la vista un calendario y un reloj, explicarles dónde están, los planes que se tienen para el día, quiénes son ellos y quiénes somos nosotros, etc. Esto facilitará el sentimiento de control y estabilidad de la persona.

Favorecer una buena iluminación

Una luz adecuada ayuda a evitar ilusiones o interpretaciones erróneas de lo que ve a su alrededor, y que en muchas ocasiones su vista además se va deteriorando progresivamente.

Favorecer una rutina

Actividades cotidianas y monótonas crean una buena rutina para promover la estabilidad, aceptación y comprensión de su día a día.

Estimulación constante

En base a juegos, actividades como jugar a las cartas, a la pelota, leer… incluso las mascotas como perros o gatos pueden suponer una fuente de estimulación, siempre evitando también la sobreestimulación.

Ambiente tranquilo y sosegado

Asegurar un ambiente tranquilo y seguro: cerrar la puerta para evitar que pueda salir y desorientarse, hablar tranquilos y con calma, etc.

Es una situación complicada y puede provocar ansiedad, nervios, etc., tanto en la propia persona mayor como en los cuidadores que le atienden. La persona que sufre delirios o alucinaciones puede tener en consecuencia otros síntomas, como trastornos del sueño, agresividad, etc. Es importante que les cuidemos a ellos, pero también cuidarnos a nosotros.

 

En el cuidado de las personas mayores podemos observar múltiples dolencias, tanto físicas, como cognitivas, conductuales o emocionales. Uno de los problemas más generalizados es la ansiedad y los miedos. Existen fobias habituales en la vejez, y detectarlas, así como saber cómo tratarlas con ellos es de gran ayuda para su bienestar.

Cuando las personas mayores se enfrentan a un peligro (por ejemplo, riesgo de caída), pueden sentir miedo o temor de manera adaptativa. Sin embargo, cuando nos dedicamos al cuidado de ancianos, observamos que en ocasiones para muchas personas mayores ese temor se vuelve irracional, persistente, desbordante e involuntario. En otras palabras: desadaptativo. Ante esto, sufren enormemente, y llevan a cabo conductas constantes de evitación ante cualquier estímulo que le produzca esos sentimientos.

Tipos de fobias en personas mayores

En este punto de madurez y en edades avanzadas, es posible atender a un tipo de clasificación de miedos habituales y cotidianos en ancianos. Este tipo de miedos comunes, se pueden agrupar en los siguientes conjuntos.

Fobias específicas

Estas fobias específicas hacen referencia a un estímulo concreto, como por ejemplo miedo al atragantamiento. Puede llevar a las personas mayores a evitar comer determinadas comidas, o negarse a tragar algunos alimentos, para no atragantarse. Son miedos concretos que les impiden realizar acciones y actividades determinadas en el tiempo.

Fobia social

Las personas mayores pueden acabar evitando cualquier tipo de contexto social, que le produce ansiedad, evitando salir de casa, relacionarse con otros, y derivar en serios problemas de aislamiento. Esto tiene como consecuencia una pérdida de contacto y comunicación, y por consiguiente, un creciente índice de soledad y depresión en ancianos.

Agorafobia en ancianos

Si bien por esto se suele entender miedo a los espacios abiertos, en realidad se trata de miedo ante situaciones en las que se dificulte pedir ayuda o escapar. Por ello, se acaba temiendo por ejemplo salir a la calle o encontrarse con grandes multitudes. También suele producir en muchos casos un gran aislamiento en las personas mayores y un gran miedo a salir de casa. Cierran puertas, ventanas, persianas, etc., ante un intento de sentirse protegidos.

Causas posibles de los miedos en la vejez

Una causa importante de la ansiedad en personas mayores suele ser la falta de preparación ante los cambios que la vejez demanda. Comienzan a sentirse sin recursos o sin red social que les pueda apoyar ante una dificultad. También afectan otros factores como cambios bruscos en el estilo de vida, un descenso en el sentimiento de autonomía personal, no sintiéndose dueños de su propia vida, problemas económicos, miedo ante la proximidad de la muerte, deterioro de la salud, aislamiento social, sentimiento de soledad, etc.

Cómo tratar a personas mayores con miedos

Los cuidados más eficaces a la hora de tratar los trastornos de ansiedad de las personas mayores incluyen la psicoterapia, la farmacoterapia y las técnicas de relajación. A través de la terapia se puede ayudar a las personas mayores a mejorar sus habilidades sociales, mejorar en asertividad, a lidiar con el estrés, les enseñarían técnicas de resolución de conflictos, etc.

Sin embargo, esto no significa que no podamos hacer nada en nuestro día a día para ayudarles. Hay diversas estrategias y aspectos que podemos atender para ello:

La realización de ejercicio físico siempre ayuda

Produce serotonina y ayuda a prevenir la aparición de ansiedad en las personas mayores. Lo ideal es no hacerlo justo antes de comer, pero sí una o dos horas antes, lo cual ayudará también a que descansen adecuadamente.

Programar periodos de descanso

Es importante que, además de la estimulación cognitiva y física, las personas mayores puedan disfrutar de momentos de tranquilidad antes de llegar a sentirse agotados. Intercalar intervalos de descanso beneficiará el afrontar el día con más energía y ganas.

Grandes dosis de paciencia

Las personas mayores tardan más tiempo en realizar cualquier actividad, con lo que muchas veces no les da tiempo a realizar todo lo que querrían o podrían hacer. No somos solo nosotros quienes debemos ejercer nuestra paciencia, si no ellos consigo mismos, estableciendo aquellas prioridades de lo que prefieren hacer, dejando aquello menos importante para ellos para el final.

Realizar actividades estimulantes

Poner en práctica ejercicios para la memoria, actividades de ocio de las que disfruten, relaciones sociales con otras personas, como amigos o familiares, etc. eso les hará sentirse satisfechos y con recursos ante otras situaciones más difíciles.

Dietas adecuadas para mayores

No estar bien alimentado o comer demasiado hace que el organismo funcione peor.

Favorecer sentimientos de eficacia

Conseguir un refuerzo en su autonomía y evitar otros como la autoexigencia, así como practicar técnicas de relajación. También pueden ayudar para ello aspectos como la música o una luz agradable.

La vitalidad de una persona no solo recoge todo lo concernientes al estado físico, sino también al estado emocional y moral. Ocurre lo mismo con las personas mayores en edad avanzada. Una de estas consecuencias de no cuidar del estado emocional de personas ancianas es la depresión. La senectud está íntimamente relacionada con la soledad y la depresión. Estas son las maneras mediante las que identificar los síntomas y causas y saber cómo tratar a una persona mayor con depresión.

En muchas ocasiones vemos a las personas mayores bajo ciertos prejuicios, que en ciertas circunstancias nos llevan a normalizar en ellos sentimientos de tristeza y apatía.

Quitarnos dichos prejuicios sobre las personas mayores es de suma importancia, y el de su estado de ánimo es uno de los más importantes. Las personas mayores, al igual que cualquier otra persona, pueden sufrir y sufren de depresión, pero debido a esta circunstancia, la depresión en personas mayores está subdiagnosticada, y por lo tanto, no está lo suficientemente tratada.

Síntomas de la depresión en las personas mayores

En muchas ocasiones asociamos la depresión con síntomas de tristeza, pero estar triste no siempre es algo que desde fuera resulte tan evidente, sobre todo cuando tratamos con personas mayores. Por ello, hay otros síntomas que hemos de tener en cuenta para ser capaces de reconocer una posible depresión en mayores:

Aburrimiento o apatía

El disminuir las ganas de hacer cosas, o perder la ilusión que se tiene sobre ciertas actividades, puede responder a una depresión. Esto puede cursar con indiferencia aparente por lo que rodea a las propias personas mayores. No quieren ni tratan de hacer cosas, tomar decisiones o interesarse por lo que les acontece.

Nerviosismo, irritabilidad o inquietud

El aumento de estos síntomas no necesariamente implica un deterioro cognitivo, puede deberse a que las personas mayores estén desarrollando depresión. Pero suelen relacionarse los estados de nervios, tensión, inquietud o irascibilidad. Sobre todo para personas que en su vida no han sido así.

Inseguridad y autoestima baja

Aumento de los sentimientos de inseguridad, autorreproches, disminución de la autoestima, etc. Aun si no asocian estos sentimientos a la tristeza, no podemos pasarlos por alto.

Pérdida de sueño y alimentación

Una persona mayor deprimida muestra una clara alteración de los ritmos habituales de alimentación o sueño, habitualmente comiendo menos y desarrollando insomnio.

Delirios y miedos

Delirios o creencias irracionales que, de nuevo, no tienen por qué responder a trastornos cognitivos, sino que pueden deberse a la depresión.

Posibles causas de depresión en personas mayores

Hay diversos factores que pueden aumentar el riesgo de que las personas mayores desarrollen depresión. Entre ellos, está el ser mujer, el tener deterioro cognitivo o tener otras enfermedades discapacitantes, como dificultades de visión o accidentes cerebrovasculares.

Otras causas que pueden precipitar la depresión en personas mayores son cambios bruscos en su vida, como por ejemplo, cambios de domicilio o fallecimiento de personas cercanas o el aumento de la dependencia o pérdida de la sensación de independencia.

También afectan otros aspectos de la personalidad, como la excesiva necesidad de orden y perfeccionismo, el aprendizaje de respuestas ante situaciones de tensión o dificultad, la sensación de pérdida de economía o apoyos, etc. Ciertos fármacos o la ingesta de alcohol también pueden empeorar la situación.

Ya sabemos qué es la depresión y por qué puede ocurrir. Ahora, ¿qué se puede hacer?

Qué hacer con las personas mayores deprimidas

Lo primero, y ante todo, es avisar al profesional de referencia, como al neurólogo, y transmitirle nuestras sospechas. Es importante que el neurólogo esté al corriente de todo: qué hemos detectado, qué aspectos vienen de antes y cuáles son nuevos, qué nos preocupa, qué hábitos alimenticios tiene y qué fármacos está tomando, etc.

Un diagnóstico precoz puede ser vital para poder tratar adecuadamente la depresión, pero también es de suma importancia que una vez el diagnóstico esté dado, las personas mayores continúen acudiendo a todas las revisiones, pues también hay que evitar la cronicidad del tratamiento.

Cómo cuidar en casa de una persona anciana con depresión

Desde casa también hay ciertas pautas que podemos llevar a cabo para paliar este estado de ánimo e intentar evadir pensamientos negativos de estas personas mayores:

No forzarles a algo

Evitar forzar sentimientos positivos en las personas mayores. A menudo, tratamos de que se olviden de lo que estaban pensando o intentamos convencerles de que lo que ven, piensan o sienten no es así. Esto ha demostrado ser contraproducente.

Darles espacio y comunicarse

Por el contrario, es importante darles espacio y permitirles expresarse. Podemos tranquilizarles, indicándoles que lo que sienten es normal, sin restarle importancia, y explicándoles que es temporal, y que se pueden sentir mejor. Es importante reconocer los avances que vayan produciéndose.

Ayudarles a encontrar sus gustos

Podemos reconducir la situación, focalizando su atención a algo que le guste o le provoque más placer, algo que disfrute, sin forzar la situación. También es importante fomentar el diálogo y la flexibilidad, que se sientan escuchados y que perciban que tanto ellos como lo que sienten es importante, y que tratamos de respetarlo.

Todo ello puede mejorar el pronóstico de la depresión, y puede ayudarnos a darnos cuenta de que, como se suele decir, hay luz al final del túnel. Necesitamos tener optimismo y, sobre todo, mucha paciencia.

En situaciones determinadas de la vida, más aún en personas de la tercera edad, es posible que estos pacientes requieran de un reposo constante en cama. Bien por una enfermedad o patología temporal, o por causa física directamente relacionada con el cansancio y la edad, estas circunstancias requieren de un protocolo de cuidados. Resulta vital conocer cómo cuidar de una persona mayor encamada. Algo que los cuidadores a domicilio y empleadas saben a la perfección dada su profesión.

Para conocer más acerca de qué hacer y cómo tratar de una persona mayor encamada, analizamos y proponemos una serie de consejos de gran ayuda. Aspectos prácticos para conseguir un mayor confort y ofrecer el mejor cuidado y bienestar para un anciano y persona mayor que se encuentra en la cama sin poder moverse en exceso.

Consejos para cuidar a personas encamadas

Una persona encamada está sometida a cierta presión y está también más expuesta a la aparición de algunas patologías físicas. Todo esto lleva a un estado de estrés y de cansancio que hay que llegar a comprender para poder ayudar a estos pacientes postrados en cama. Por eso, una de las primeras recomendaciones es tener toda la empatía posible para tranquilizar a la persona.

Esta situación de mermada movilidad de este tipo de personas provoca que sean muchas las atenciones necesarias para el día a día y sus cuidados personales e higiénicos. Incluidos en estos cuidados se encuentran todos los atribuidos a favorecer el bienestar y la comodidad, la alimentación, la higiene, el acompañamiento, asistencia sanitaria mínima, y cualquier atención complementaria que pudiera necesitar el paciente.

Un trabajo de asistencia para que, tanto a nivel físico como mental, esté lo mejor asistido posible durante su estancia y recuperación -en el mejor de los casos- en la cama.

Mejores cuidados para ancianos en cama

¿Cuáles son los cuidados más necesarios para un anciano encamado? Son muchos, y muy necesarios, las atenciones prioritarias para este tipo de personas. Sobre todo, porque un buen cuidado prevendrá de ciertas infecciones, enfermedades y patologías que pueden verse afectadas si no se realizan correctamente unas técnicas sanitarias y de atención.

Entre los cuidados primarios que se deben realizar a este tipo de pacientes longevos que están postrados en una cama sin apenas moverse se encuentran.

Cuidados de aseo e higiene

Estos cuidados son fundamentales, sobre todo para pacientes de estas características, sin independencia y apenas movimiento. Una buena higiene contribuye a mejoras en salud y comodidad de la persona atendida. Pese a que pueda acarrear situaciones embarazosas, es necesario acostumbrarse a ello para crear un ambiente de relajación y complicidad entre el cuidador y el paciente.

Este aseo para personas encamadas es vital para evitar la proliferación de bacterias y hongos, para activar la circulación, evitar llagas, crear bienestar, y mejorar el sueño. La higiene incluye desde la cara a todo el cuerpo.

Para ello hay que proveerse de materiales y jabones esenciales recomendados para el cuidado de la piel de estas personas.

Alimentación de personas encamadas

La alimentación de los ancianos y mayores en cama también tiene una gran importancia. Debe ajustarse una dieta a estas condiciones de extremo sedentarismo. Asimismo, la ausencia de ciertas vitaminas y nutrientes puede provocar úlceras.

Es necesario asegurar los nutrientes necesarios al día a día, y acostumbrar a la persona mayor a comer en una postura en posición sentada para evitar posibles atragantamientos.

Movimientos y actividad

Pese a la situación en la que se encuentran estas personas, conviene fomentar la actividad y el movimiento de los músculos del cuerpo. Si esta persona está en disposición de moverse levemente con ayuda, es necesario seguir patrones de actividad y ejercicio para moverse y evitar estancias prolongadas en las mismas posiciones.

Estas acciones también ayudan a evitar que aparezcan úlceras en la piel y heridas cutáneas a causa de permanecer siempre en una misma postura en la cama.

Cuidados externos

Hay que tener en cuenta, además, otra serie de cuidados añadidos para mejorar la comodidad con la persona mayor dependiente. Entre ellas algunas recomendaciones como:

-Utilizar colchones antiescaras y sabanas que no rocen

-Cambiar las sábanas y la ropa con periodicidad

-Airear la habitación cada día para evitar una larga exposición sin renovar el aire

-Fomentar actividades de ocio como lectura, películas, juegos, conversaciones…

¿Cuándo es conveniente usar andadores para mayores? ¿Cuáles son los mejores andadores? ¿Qué modelos existen? Estas son algunas de las dudas que acompañan a todos aquellos que quieren comprar un andador para ancianos y buscan entre los diferentes modelos existentes. Una amplia variedad que difiere en cuenta a ciertas características, tanto de diseño, como de capacidades de la propia persona.

Esta vez vamos a contarte todo lo que necesitas saber sobre los andadores para personas mayores. Resolvemos las principales dudas y te aconsejamos en función de los requerimientos principales de la persona que vaya a utilizarlos.

Qué son los andadores

Los andadores son unos soportes diseñados para mejorar la vida de las personas con movilidad reducida. Normalmente orientados a las personas de la tercera edad, cuya flexibilidad y musculatura se resiente con el paso de los años. Los andadores son mucho más eficientes que un bastón, y se recomiendan para aquellas personas que han perdido fuerza o necesitan de un punto de apoyo para no perder el equilibrio.

Estos sistemas son un producto ortopédico y ayuda técnica para mayores, y suponen una gran ventaja para la independencia y movilidad de personas mayores. Además, estos andadores -conocidos también como caminadores-, ofrecen la estabilidad necesaria para los paseos por la calle, o para moverse fácilmente entre las habitaciones y pasillos de casa.

Ventajas de los andadores para mayores

Como es lógico, estos andadores son un gran alivio para familiares y las propias personas mayores, que necesitan de apoyos para andar. Son suficientemente seguros para aquellos que aún pueden ir paso a paso sin cansarse en exceso. Si no fuera suficiente, habría que pasar a modelos de sillas de ruedas.

No obstante, los actuales andadores cuentan con un mecanismo que se adapta por completo a la persona. Siendo un sistema de movilidad ligero, con o sin ruedas, con fácil agarre, regulable en altura, y con una serie de características que permiten una mayor versatilidad.

Los mejores andadores y sus características

Para elegir el mejor andador para una persona mayor, es necesario adecuarse a sus necesidades y adquirir un modelo que ofrezca la solución más eficiente para cada caso personal. Dependiendo de la fabricación, el diseño, o las características necesarias para cada persona se requerirá un tipo u otro. Pero cualquier andador tiene este tipo de características que enumeramos y resaltamos.

Material ligero y resistente

Para la fabricación de cualquier andador ortopédico el material es muy importante, porque debe adaptarse a las exigencias particulares de las personas mayores. En este caso se suelen utilizar piezas ligeras de aluminio y resistentes como el acero. Así se obtiene la ligereza y suavidad necesaria, y la resistencia ante los golpes. También debe incorporar un agarre cómodo y ergonómico.

Ruedas o tacos

Existen modelos de andadores con ruedas, bien sean de dos ruedas, de tres o incluso de cuatro. Adecuados para aquellas personas que no pueden hacer la suficiente fuerza como para levantar el sistema. Para el resto, pueden hacer uso también de los modelos sin ruedas, que poseen un acabado en forma de taco para evitar que se deslice en exceso. También usados para andar por la orilla del mar.

En el caso de los modelos de andadores con ruedas, sí que suelen incorporar un sistema de freno para evitar incidentes.

Andadores con asientos

Uno de los propósitos principales de comprar un andador es el que las personas mayores adquieran la independencia necesaria para salir a la calle a comprar o a pasear. Por eso, algunos modelos, como estos, proponen modelos que incorporan un asiento para que se pueda desplegar y descansar en cualquier momento.

Otra variante son aquellos que también incorporan una pequeña cesta donde poder colocar la compra y transportarla fácilmente a casa.

Modelos en diferentes anchuras

Hay que destacar que los modelos están delimitados a diferentes anchuras. Siendo los de mayor anchura más apropiados para exteriores -ya que se obtiene mayor estabilidad y sujeción-, y los más estrechos para casa, debido a la anchura de pasillos y habitaciones.

Conviene destacar que normalmente los andadores tienen la posibilidad de plegarse para poder ser guardados en armarios con total comodidad.

Cómo debe usar un andador un anciano

Ahora bien, ¿cómo y cuándo debe usar un andador una persona mayor? Cualquier persona requiere de un tiempo para adaptarse al andador y a la forma de andar con él. Para agilizar esta adaptación es necesario practicar. Para ello se recomienda usarlo en distancias cortas y empezar a adaptar el paso para no tropezarse.

También es conveniente ajustar y regular las alturas para que sea lo más cómodo posible para la persona adecuada. Ya que la altura que puede necesitar una persona puede ser diferente de otra. Sobre todo, para evitar encorvar la espalda en cualquier trayecto.

Practicar también los pasos de sentarse y pasar al andador, así como viceversa.

Hasta el momento de usarlas nunca se sabe lo útiles con son estas sillas de ruedas. Pero es importante conocer los límites de estas sillas y los diferentes modelos que existen para favorecer el acceso a todos los rincones en la vida diaria. Más aún para las personas mayores que requieren de una ayuda especial para la movilidad, más aún en edades muy avanzadas.

Una silla de ruedas para mayores debe adecuarse perfectamente al paciente. Debe incluir una serie de factores, comunes en los ancianos, para solventarlos y ayudarles en cualquier movimiento y desplazamiento.

De esta forma se mantiene un cierto grado de autonomía, así como la posibilidad de socializar y moverse. Explicamos los motivos por los que escoger una buena silla de ruedas para ancianos y en qué debes fijarte.

Cómo elegir una silla de ruedas para ancianos

Hay que tener claro que el objetivo prioritario de una silla de ruedas para ancianos es ganar en funcionalidad, movilidad y también en comodidad. De igual manera, conforme la edad avanza aparece la pérdida de movilidad del cuerpo. Este proceso gradual obliga a usar algunas soluciones y soportes. Desde bastones, andadores para mayores o las sillas de ruedas que comentamos.

No todas las sillas de ruedas son iguales. Dependiendo del modelo y la categoría disponen de ciertas novedades y distinciones en función del tipo. Esto también afecta al precio de la misma, que dependerá de las funcionalidades y comodidades.

Atendiendo a cada persona se le recomendará el uso de un modelo u otro para conseguir el máximo beneficio y calidad de vida necesarios. Por eso, es conveniente prestar atención a cuestiones como:

  • Limitaciones de peso de la silla
  • Dimensiones de la silla de ruedas
  • Ligereza de la silla, si va a ser transportadas
  • Anchura de la casa, si se va a usar dentro

Tipos de sillas de ruedas para mayores

Teniendo en cuenta estas valoraciones, y otras, se pueden clasificar las sillas de ruedas en diferentes modelos, o diseño específico. Cada una con un valor diferencial y que define a la perfección las ventajas de cada una de ellas. Entre las mejores sillas de ruedas para ancianos más habituales se encuentran las siguientes.

Silla de ruedas autopropulsables

Estos modelos de sillas de ruedas son las más habituales. Para aquellos que mantengan la fuerza y destreza para manejar por ellos mismo las ruedas y desplazarse de manera autónoma. De entre todos los modelos, son las sillas de ruedas más asequibles para los que buscan autonomía gracias a las sujeciones de los ejes.

Sillas de ruedas eléctricas

Estas sillas de rueda eléctrica, denominadas también scooter, se recomiendan a aquellos que de manera independiente pueden realizar desplazamientos, sin necesidad de manejarla haciendo fuerza con las manos. Con un mando accionas el motor y diriges la silla allá donde quieras. Estas sillas de ruedas motorizadas son más caras, pero se reduce esfuerzo en cada paseo.

Sillas manuales de ruedas

Si estás buscando una silla de ruedas para una persona mayor que no puede valerse del todo por ella misma, esta es la opción más recomendada. Sobre todo, para aquellos ancianos que, con ayuda de alguien, quieren dar paseos y deben hacerlo desde estos sistemas. Dentro de este mismo grupo hay multitud de modelos donde cambia el confort, diseño o tamaño.

Sillas de ruedas plegables

Otro de los modelos que ofrecen grandes ventajas son las sillas de ruedas plegables. En conjunción con el grupo anterior, estas sillas de ruedas manuales plegables ofrecen esa diferenciación que no es otra que poder guardarlas cómodamente en casa.

La tercera edad lleva consigo un estado de salud más delicado. Es la etapa de la vida donde más vulnerable se es, y más riesgo existe para una serie de enfermedades y patologías. Las personas mayores están más expuestas y es necesario conocer cuáles son las enfermedades más comunes en ancianos y mayores. Principalmente para estar prevenido, saber cómo actuar y qué hacer para que no sean tan perjudiciales ni aparezcan.

En cualquier momento de la vida es posible contraer una enfermedad. Desde patologías habituales, hasta enfermedades más severas. En el caso de las personas en tercera edad pasa igual, pero la afección puede ser más grave en cualquiera de los casos, ya que su cuerpo no está tan preparado como lo pudiera estar tiempo atrás.

Por qué los mayores sufren más enfermedades

Con el paso de los años, el metabolismo y la repuesta del cuerpo ante enfermedades no es igual que antes. Tanto músculo, piel, huesos e incluso el sistema cognitivo se ven afectados y pierden fuerza y resistencia. Esto provoca que no se esté lo suficientemente preparado para afrontar ciertas actividades o patologías.

Todo este conjunto de situaciones es el que induce a que las personas envejecidas sean consideradas como un grupo de riesgo. Por eso es tan importante preocuparse por el cuidado y bienestar de las personas de la tercera edad.

Enfermedades más comunes en personas mayores

Pese a que estas enfermedades son muy habituales en personas mayores, todo el cúmulo de avances, innovación tecnológica y desarrollo para mejora de la calidad de vida ha permitido poder hacer frente con mayores oportunidades a estas enfermedades. Tanto para superarlas, como para sobrellevarlas de la mejor manera posible.

Así, destacamos y analizamos cuáles son las 10 enfermedades más comunes en personas mayores y qué características tienen:

Alzheimer

El alzheimer se integra dentro de las patologías cognitivas. En definitiva, se trata de un deterioro cognitivo que sufre la persona y que su máxima expresión es la pérdida de memoria progresiva. Al igual que el cuerpo, el cerebro también envejece y las células nerviosas se van debilitando.

Puedes consultar en otro de nuestros artículos donde hablamos sobre cómo cuidar a una persona con alzheimer, los principales síntomas y causantes.

Ictus

El ictus (enfermedad cerebro vascular) es, sin duda, una de las enfermedades más habituales en ancianos. Su origen reside en la obstrucción o rotura de algún vaso sanguíneo encargado de llevar sangre al cerebro. Se reduce así el flujo de sangre al cerebro y las células nerviosas dejan de funcionar.

Conocido también como infarto cerebral, los síntomas más habituales cuando una persona sufre un ictus son los hormigueos en algún lado del cuerpo o cara, pérdida del habla, dificultad en la visión y pérdida de coordinación, así como dolor de cabeza.

Infarto

Hay diferentes tipologías de infartos, siendo el más común el infarto de miocardio. Suele estar iniciado por un dolor incipiente en el pecho y brazos. Acompañado de dificultad respiratoria, nauseas o mareos.

Artrosis y artritis

Se podría decir que casi toda la población de la tercera edad sufre de artritis. Que no es otra cosa que la inflamación en articulaciones. Esto lo que provoca es dolor al realizar ciertos movimientos o gestos. La artritis puede tratarse a base de rehabilitación e inflamatorios.

En los casos más severos esta artritis puede llegar a desembocar en una artrosis como degeneración del cartílago.

Hipertensión

Es habitual que las personas mayores tengan la tensión arterial alta. Para cuidar estos índices es necesario llevar una dieta alimenticia y realizar actividad física.

Parkinson

El parkinson es otra de esas enfermedades que más sufren las personas mayores. En parte porque afecta directamente al sistema neurológico. Es una pérdida de neuronas progresivas. ¿Cómo afecta el parkinson en mayores? Al afectar al sistema nervioso genera temblores en la persona, movilidad reducida, y alteración del equilibrio.

Se hace latente la rigidez muscular que imposibilita llevar una vida mucho más llevadera e independiente.

Problemas auditivos y visuales (cataratas)

La pérdida de audición en mayores es uno de los problemas que más afecta en la vejez. Cualquier sentido va perdiendo eficiencia al pasar el tiempo y las capacidades sensoriales como el oído y la vista son una de las que más sufren. Es un proceso degenerativo que no tiene solución.

En cuanto a la vista, la edad también influye en este sentido. Desde la pérdida de nitidez en la vista (presbicia), hasta la aparición de cataratas. Unas cataratas en ancianos que pueden tratarse con cirugía.

Rotura de huesos (osteoporosis)

La osteoporosis en sí es una enfermedad degenerativa que se entiende como una disminución de la densidad ósea. ¿Cómo afecta la osteoporosis a las personas mayores? Principalmente, en lo que más puede llegar a afectar es en caídas y golpes que deriven en roturas de huesos. Una de las más habituales tiene que ver con la rotura de cadera de personas mayores.

Fibromialgia en mayores

La fibromialgia es una enfermedad crónica que puede afectar a cualquier persona. Sin importar el género o la edad. Por tanto, también la pueden sufrir las personas mayores. Se caracteriza por un extremo cansancio, dolencia muscular, trastornos de sueño, pies inquietos y dolores fuertes de cabeza. No tiene un diagnóstico claro ni fármaco que ayude a solventar este conjunto de dolencias.

Depresión en ancianos

Muchas personas mayores, como consecuencia del ritmo de vida, acaban viviendo su vida en un estado de soledad. Esto puede llegar a provocar episodios de depresión que es necesario atender y cuidar para conseguir un estado de bienestar en el día a día. La depresión en ancianos es algo habitual y por eso se requiere la ayuda de profesionales, cuidadores de mayores y especialistas para tratar estas situaciones.

Una de las acciones y campañas que más se están prodigando en cualquier zona natural de las ciudades españolas están dirigidas a las personas mayores. En espacios abiertos al aire libre, como son los parques, se están instalando series de máquinas de ejercicios para que las personas mayores y ancianos puedan hacer actividad diaria y evitar el sedentarismo. Estos parques para ancianos ofrecen múltiples ventajas, y no solo por mantener la actividad física. Por eso son altamente recomendables a ciertas edades.

Los parques para ancianos están pensados principalmente para gente de la tercera edad. Estas zonas públicas habilitadas tienen la garantía de ofrecer un acceso fácil y sencillo para que cualquier persona, independiente, o que está en silla de ruedas, pueda acceder a estas zonas comunitarias.

¿Dónde encontrar parques de ejercicios para ancianos?

La apuesta de los Ayuntamientos es clara, favorecer una vida de ejercicio activa para las personas mayores. Y este es el propósito principal de estas zonas comunes con máquinas de ejercicio. Bien ubicadas en zonas abiertas y parques, son un punto de encuentro habitual para los ancianos, y personas de cualquier edad, que quieren aprovechar el tiempo, y las instalaciones públicas, para hacer ejercicio y codearse con otras personas.

Cada ciudad española dispone de varios de estos parques de mayores distribuidos por los barrios de tu ciudad, para que más gente tenga acceso rápido a estos servicios gratuitos y al aire libre.

Ventajas de los parques deportivos para mayores

El uso tanto del espacio abierto para personas mayores, así como de las máquinas de ejercicios habilitadas para este sector de la población, proporciona unas ventajas claras. Unos circuitos de ejercicios que son muy recomendados por especialistas. Los equipos médicos geriatras recomiendan hacer ejercicio, y estos parques para ancianos son una oportunidad idónea para crear una rutina de actividad física en la tercera edad.

Además del apartado físico, estas zonas naturales de ejercicio también ofrecen muchas más funcionalidades asociadas a beneficios íntegros de los que pueden beneficiarse cualquier anciano, ya sea de manera independiente, o con ayuda y acompañamiento de familiares o cuidadores.

Entre las principales ventajas de acudir a un parque para ancianos se encuentran las siguientes apreciaciones:

Activación muscular

El objetivo prioritario de estas instalaciones es crear circuitos de deporte pensados en los más mayores. Series de ejercicios de piernas, brazos, hombros… para la activación muscular de todo el cuerpo con movimientos repetitivos y no molestos. Así el cuerpo podrá responder de forma muy positiva a determinados gestos o esfuerzos del día a día.

Tanto para la mejora de los pasos de los años, como forma de rehabilitación al aire libre, estas máquinas son una opción predilecta a ciertas edades.

Acompañados o en solitario

Lo bueno de estos parques habilitados para mayores es que pueden acudir tanto ancianos con una movilidad completa, como aquellos que necesitan de la ayuda de familiares o de cuidadores de personas mayores a su lado. Son ejercicios que se adaptan a todo el mundo y sus condiciones.

Evita sedentarismo en ancianos

Es una forma clara de evitar fases de sedentarismo. Muchas personas mayores apenas salen de casa, aunque puedan hacerlo. El tener un parque biosaludable de este estilo cerca, les permite luchar contra el sedentarismo y crear una rutina saludable.

También hay que valorar el paseo que va incluido hasta llegar al parque, así como la vuelta a casa.

Aprovechar el aire libre

Otro de los beneficios de estos parques es que están al aire libre. La naturaleza y ambientes exteriores cuando hace buen tiempo es sinónimo de salud. Ayuda sobremanera en ámbitos tan esenciales como el estado físico y el mental. El sol también realiza una función vital en estas personas, para prevenir ciertas enfermedades coronarias y recibir vitamina D para fortalecer huesos.

Socialización

Aparte de todas las ventajas a nivel físico, hay que valorar otros beneficios como puedan ser los sociales. Estos parques biosaludables es un punto de encuentro para que personas en la tercera edad puedan compartir momentos, historias y conversaciones mientras hacen deporte.