Higiene en personas mayores encamadas

Higiene en personas mayores encamadas

Uno de los principales problemas cuando una persona mayor ha perdido su movilidad, es el mantenimiento de un buen estado de higiene. Al no poder moverse por sí mismo, queda descartado en muchas ocasiones que se pueda desplazar al cuarto de baño, por lo que el aseo debe realizarse en el propio dormitorio, en la cama.

Sin embargo, para poder asear a una persona en la cama, es necesario saber hacerlo. Es necesario ir lavando, aclarando y secando progresivamente cada zona, poniendo atención a las partes íntimas para evitar infecciones, etc.

A continuación te explicamos cómo hacerlo:

Beneficios de una adecuada higiene

Aun cuando el aseo se realiza en la cama, una buena higiene es clave para la salud y la calidad de vida de las personas mayores.

  • Una buena higiene corporal evita infecciones. Resulta evidente que asear a la persona a diario mejora su higiene corporal, eliminando el sudor, pero también eliminan secreciones que nuestro organismo pueda producir, provocando la aparición de infecciones, bacterias, hongos, etc.
  • También activan la circulación corporal en la persona, aspecto fundamental en personas que se encuentran encamadas, ya que al no andar su circulación se ve enormemente mermada. Movilizarles nosotros mismos resultará clave para que puedan seguirse encontrando saludables.
  • De la misma manera, ayudaremos también a mantener el tono muscular, e incluso estimularemos los movimientos intestinales de la persona. Esto resulta clave, ya que la evacuación (o la dificultad para ella) es uno de los primeros problemas que suelen aparecer en personas encamadas.
  • Además, el propio momento del aseo es un momento perfecto para revisar el cuerpo de la persona en busca de escaras o úlceras, heridas comunes en personas que pasan su día en la misma cama.
Higiene en personas mayores encamadas iconografía

A pesar de todo lo mencionado, no todos los beneficios son físicos, si no que hay otros beneficios cognitivos y anímicos.

  1. En primer lugar, el momento del aseo puede suponer un momento de relajación que ayude a la persona mayor a calmarse, tranquilizarse y mejorar su bienestar. Es una buena excusa para recibir el cariño y el contacto de sus seres queridos, que le atienden y cuidan.
  2. Ese propio estado de bienestar es un buen desencadenante de un estado de relajación perfecto para inducir el sueño, ayudando a conciliar el mismo cuando cuesta dormirse.

Aspectos a tener en cuenta antes del aseo

En primer lugar, es importante entender que una vez comencemos a realizar el aseo, es necesario que estemos pendientes en todo momento de la persona, que al no poderse mover corre el riesgo de caerse. Además, puede coger frío o resfriarse, con lo que ser ágiles es de suma importancia.

Por ello, lo primero que tenemos que hacer, antes incluso de preparar a la persona, es preparar el entorno. Es necesario que pongamos a mano todos aquellos materiales que vamos a necesitar en el momento del aseo. Necesitaremos dos palanganas con agua, jabón, esponjas, gasas, peine, cremas, varias toallas de diferentes tamaños, ropa, etc.

Será importante preparar también guantes de látex para que podamos evitar infecciones al entrar en contacto con los fluidos corporales de la persona. También debemos colocar un plástico o empapador sobre las sábanas, para evitar que se ensucien o se mojen.

Es necesario también proporcionar un entorno agradable para la persona. Para ello, debemos controlar tanto la temperatura de la sala como la del agua, necesitando que ambas sean cálidas y agradables, aunque no demasiado calientes. Será imprescindible cerrar todas las ventanas para evitar corrientes y por lo tanto impedir la aparición de resfriados.

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El momento del aseo

La duración como hemos dicho ha de ser lo más breve posible, y debemos intentar que no supere los 15 minutos.

Lo primero que haremos será lavarle la cabeza, la cara y el cuello. para ello usaremos esponjas con agua y toallas, lavando siempre de la zona interior a la exterior, para evitar infecciones, poniendo atención también a limpiar adecuadamente las mucosidades, los ojos (con extremo cuidado), la boca (aprovechando también para usar el cepillo y enjuagarle con colutorio) etc. es vital sacar todo adecuadamente. Para lavar el pelo existen “lavacabezas”, a modo de palanganas, especiales para ese fin, de tal manera que facilita la tarea.

A continuación, lavaremos las extremidades superiores: brazos y manos, con una esponja con jabón y una palangana con agua con jabón. Es importante prestar especial atención a las uñas y aclarar y secar todo inmediatamente con mucho cuidado.

Después procederemos a limpiar bien el torso, secando todo con mucho cuidado. Esto es especialmente importante debajo del pecho en las mujeres, para evitar que la zona quede húmeda o sucia, y puedan aparecer infecciones, hongos, o se pueda irritar la zona.

Una parte muy importante que puede pasar desapercibida es el ombligo, lugar en el que es fácil acumular suciedad. A continuación taparemos esa zona, para evitar que coja frío, y procederemos a las extremidades inferiores.

Para asegurarnos de que la pierna quede bien limpia por todas partes será importante flexionarla bien y estirarla siempre que sea posible, para prestar atención a los pliegues. Lo lavaremos desde las ingles hacia los pies y será importante también lavar y secar entre los dedos de los mismos.

Una vez terminado este proceso, deberemos girar a la persona de lado, poniéndola decúbito lateral. Si la cama tiene barandillas, nos podemos servir de las mismas para asegurar la posición de la persona con mayor seguridad. Así, podremos proceder a lavar la espalda, prestando atención a rojeces, heridas o úlceras por presión que puedan haber salido. Si es así, avisaremos al profesional de enfermería para tratar dichas heridas de la manera más adecuada posible.

Tras esto, podemos volver a colocar a la persona boca arriba, para proceder al lavado de las zonas íntimas. Para ello, cambiaremos el agua de las palanganas primero.

Es importante prestar atención en las mujeres a realizar el lavado de la zona anterior a la posterior, y en hombres recordando también lavar tras cada micción.

Una vez terminado el aseo hidrataremos bien toda la piel, aplicando crema hidratante para favorecer también la circulación tal y como hemos mencionado, reduciendo en el proceso el riesgo de heridas o úlceras.

Una vez finalizado, vestiremos y peinaremos a la persona, y si es un varón podemos proceder a afeitarle.

Durante todo el proceso, será importante respetar los tiempos de la persona, y hacer cada tarea de forma calmada y con cariño y seguridad. Con ello, podemos asegurarnos de un momento de higiene agradable y apetecible para ambas personas.

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