Autonomía en Alzheimer

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El Alzheimer es una enfermedad que afecta enormemente a las personas que la sufren, afectando a su desarrollo cognitivo e incluso físico, e impidiendo o dificultando que puedan desarrollar su vida cotidiana como lo hacían hasta el momento.

Sin embargo, no podemos ni debemos olvidar que si bien el Alzheimer afecta a muchas capacidades, hay otras que se mantienen adecuadamente.

Para ayudar a la persona que sufre Alzheimer es necesario fomentar que dichas capacidades se conserven todo el tiempo que sea posible. De esta manera, lograremos retrasar el avance de la enfermedad y fomentar la autonomía de la persona.

Importancia de fomentar la autonomía

Promoviendo la autonomía de una persona que sufre de la enfermedad de Alzheimer logramos que se sienta capaz de mantener sus habilidades, por lo que ayudamos a que el sentimiento de identidad personal se mantenga, mejorando la calidad de vida, su estado de ánimo, etc.

Sin embargo, según vemos la dificultad que puede surgir cuando tratan de hacer algo que les está costando esfuerzo, es fácil que caigamos en hacer las cosas por ellos en lugar de ayudarles a realizarlas por ellos mismos.

Hacer por ellos algo que en cambio podrían realizar, sea solos o con ayuda, aumentaría los sentimientos de frustración, impotencia, baja autoestima e inseguridad que pudieran tener. Esto a su vez afectaría, no solo al estado de ánimo y a otros problemas como depresión, si no que también afectaría negativamente a otras áreas, como el área física o cognitiva.

No podemos olvidar que todo está conectado, y la forma que tenemos de afrontar los problemas cambia nuestro pronóstico de éxito ante ellos. En otras palabras, si creemos que no somos capaces de algo, probablemente no lo seremos.

Sabiendo esto, lo que debemos hacer a continuación es aprender a analizar el grado de ayuda o independencia que la persona necesita en cada tarea determinada, para adaptar nuestra actuación y participación según el caso.

Realización de la actividad de forma independiente

Habrá ocasiones en las que la persona no necesite ayuda para realizar la tarea que desea hacer. En ese caso, es necesario que se lo permitamos. Es posible que la tarea no se realice de forma perfecta: puede tardar más tiempo o incluso cometer fallos.

Sin embargo, eso es preferible a realizarla por ellos siempre que sea posible, aun cuando después debamos repasar nosotros lo que ha hecho.

Un buen ejemplo de ello es por ejemplo tareas ligeras de limpieza en casa o hacer la cama.

Es posible también que sea necesario hacer alguna adaptación en el hogar para que la persona pueda hacer de forma independiente las tareas oportunas: quitando alfombras y muebles para que se pueda mover sin riesgo, adaptando la bañera a plato de ducha para que se pueda asear sin riesgos, iluminando bien el domicilio para que vea correctamente, etc.

Es importante que el entorno de una persona con Alzheimer sea sencillo y esté ordenado, así como se mantenga seguro, despejado e iluminado. Sin embargo, procuremos en todo momento que la persona reconozca y conserve todo aquello que sea de importancia para ellos, ya que los cambios no pueden ni deben ser bruscos.

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Pequeñas ayudas o indicaciones

En muchas ocasiones tendremos dudas, ya que aunque la persona se muestre capaz de realizar alguna tarea, encuentre ciertas dificultades, o sintamos que “se atasca” al hacer algo.

Puede que pierda la atención o la concentración, olvidando lo que estaba haciendo, o que no recuerde qué o cómo lo tenía que hacer a continuación.

En esos casos, lo más importante es comprender a la persona y no perder la paciencia. Son procesos normales, ya que la atención puede estar disminuida, así como la capacidad para secuenciar las tareas, sobre todo aquellas que puedan ser complejas o largas.

Por ello, es necesario simplificárselo al máximo, y ser conscientes de que aun en esos momentos no siempre es necesario que intervengamos activamente. Alguna indicación, mensaje o ayuda verbal es en muchas ocasiones más que suficiente.

Podemos comenzar explicándole de una forma sencilla qué es lo que va a hacer, o recordarle los pasos que tiene que seguir para hacerlo. También podemos indicarle cómo hacerlo, qué necesita para ello o dónde puede encontrar el material necesario.

Podemos usar este método por ejemplo cuando queramos que nos ayude en la cocina, haciendo tareas sencillas, poniendo la mesa, limpiando algo, etc.

Asistencia verbal y física

Cuando la enfermedad avanza, en muchas ocasiones vemos cómo progresivamente les cuesta cada vez más realizar alguna tarea. En ese momento, tenemos que de nuevo vencer la inercia a hacer por ellos lo que tienen que hacer, y siempre que sea posible prestarles la ayuda necesaria para que lo hagan ellos.

Podemos ayudarle a que inicie el movimiento, darle aquello que necesite usar y guiarle. Mientras tanto, será imprescindible que le expliquemos qué estamos haciendo, y qué hacen ellos. Orientarles y que comprendan lo que ocurre es fundamental para que se sientan seguros y capaces.

Esta clase de ayuda puede ser útil por ejemplo cuando vayan mostrando más dificultades de movimiento, dificultándoles tareas que hasta entonces pudieran estar realizando ellos, como puede ser algo tan sencillo como comer.

Pueden perder la atención, olvidarse de comer o incluso dificultarse la tarea de coger los cubiertos.

Para ello, podemos ayudarles a coger el tenedor o la cuchara, guiarle para realizar el movimiento del mismo al plato o a la boca, pero siempre permitiendo que sean ellos los que realicen el movimiento y cojan los cubiertos mientras sea posible.

Realizar por ellos la actividad

Cuando no sea posible que ellos hagan la actividad, al avanzar demasiado el deterioro (físico, cognitivo o habitualmente ambos) provocado por la enfermedad, será necesario que lo hagamos nosotros por ello.

Sin embargo, incluso en esta situación, será necesario fomentar su autonomía y orientación todo lo que nos sea posible. Para ello, podemos preguntarle cómo quiere que lo hagamos, o incluso cuándo quiere hacerlo.

Podemos preguntarle para que elija entre varias opciones, y siempre debemos irle indicando qué estamos haciendo y cómo.

Por ejemplo, si no puede colaborar a la hora de vestirse, podemos preguntarle qué opción quiere entre dos camisetas, y será importante que le avisemos antes de hacer nada: cuando le quitemos lo que lleve puesto, si le alzamos el brazo, o le giramos, etc.

Siguiendo estas pequeñas pautas podemos marcar la diferencia en la calidad de vida de personas que sufren Alzheimer, con tan solo un pequeño esfuerzo y una dosis de paciencia de nuestra parte.

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