Síndrome del cuidador

Síndrome del cuidador

Ante el aumento de la esperanza de vida de las personas, y la aparición de enfermedades y situaciones que provocan la dependencia de nuestros familiares, cada vez hay más personas que se ven en la necesidad de convertirse en el cuidador principal de una persona mayor.

Sin embargo, ante esta mutación, es muy común que aparezcan síntomas como estrés, sobrecarga y cansancio. Es de vital importancia evitar que el cuidador se convierta en un paciente invisible.

Para ello, es importante entender a qué nos enfrentamos y saber cómo solucionar el síndrome del cuidador.

Síndrome del cuidador: definición y causas

Cuando cuidamos de una persona mayor dependiente, a menudo notamos que nosotros mismos sufrimos dificultades y problemas. Estos pueden darse a nivel físico (dolores, tensión muscular, etc.), psíquico o emocional (estrés, ansiedad, tristeza…), social (disminución de las relaciones familiares y sociales, disminución del tiempo de ocio…) y económicos (disminución de los recursos). A esto se le llama carga del cuidador.

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Estos problemas generalmente se dan cuando la persona asume las tareas principales del cuidado, asumiéndose generalmente que será esta persona quien se encargue de estas tareas. Es un trabajo no remunerado y de larga duración, que gasta nuestros recursos y nuestras energías.

Las personas que sufren de síndrome del cuidador sufren una sobrecarga física y emocional constante. Asumen por completo toda la responsabilidad de los cuidados de la persona mayor dependiente, perdiendo en el proceso su propia independencia. Esto provoca al mismo tiempo que sus propios proyectos de vida queden paralizados por periodos largos de tiempo, llegando a ser varios años.

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Por este motivo, es primordial que estos cuidadores aprendan a ser conscientes de su sobrecarga, tanto la objetiva como aquella que ellos sientan subjetivamente. En caso contrario, sentimientos de frustración, depresión, ansiedad, estrés, culpa, etc., se darán con suma facilidad. También puede derivar al mismo tiempo en alteraciones de conducta y carácter, así como somáticas (síntomas físicos provocados por situaciones emocionales).

Una vez sean conscientes de la situación, llega el momento de ponerle remedio, ya sea buscando soluciones o tratando de prevenir que estos problemas se den en primer lugar.

Recomendaciones, recursos y pautas

Siempre que sea posible, es importante que antes de afrontar el cuidado de una persona mayor dependiente seamos conscientes de que esta situación se puede producir, para poner las medidas oportunas para su aparición. Además, cuando notemos que sentimos estos problemas, hemos de buscar remedio y pedir ayuda. A continuación, veamos pautas y medidas eficaces para esta clase de situaciones.

Pautas e información

En primer lugar, es importante estar bien informados de la situación que nos vamos a encontrar antes de comenzar a encargarnos del cuidado de nuestro familiar. Para poder atender las demandas de la persona a la que cuidamos, es importante que tengamos una adecuada formación, información y recursos a nuestro alcance.

En nuestra comunidad seguramente existen recursos, tanto públicos como privados, de los que nos podemos servir, y es importante conocerlos. Esto incluye, por ejemplo, residencias, centros de día y de respiro familiar, centros de mayores, servicios de ayuda a domicilio, servicios de peluquería, podología, lavandería, etc.

También hemos de estar adecuadamente informados de todo lo que tiene que ver con la enfermedad que padece nuestro familiar y sobre las distintas pautas de cuidado que debemos llevar a cabo para promocionar su salud.

En primer lugar hemos de conocer la enfermedad que padezca la persona: sus síntomas, causas, evolución, fases, etc. Pero también los distintos cambios cognitivos y comportamentales que va a padecer el enfermo.

Conocer a qué nos enfrentamos puede ser fundamental para saber cómo enfrentarnos al síndrome del cuidador.

Habilidades personales

Es importante tener acceso a determinados recursos y habilidades personales, para echar mano de ello cuando la situación se ponga complicada.

En primer lugar, es de vital importancia saber reconocer las propias emociones y necesidades, para de esa manera poderlas expresar adecuadamente.

Además, es inevitable que surjan problemas y dificultades, y lo más importante es no bloquearse con ello. Para eso, habremos de saber buscar alternativas cuando las soluciones que hayamos puesto en práctica no hayan funcionado.

La creatividad, la paciencia, la capacidad de adaptación ante los cambios y las dificultades, la capacidad de toma de decisiones, la inteligencia emocional, la comunicación asertiva… son herramientas que comprobaremos que hemos de usar todos los días.

Es importante ser pacientes, adaptables y creativos debido a que encontraremos que en muchas ocasiones para resolver un problema, se trata de la técnica de “ensayo y error”. Es decir, que cuantas más cosas probemos, y más diferente sea, más posibilidades hay de que alguna de ellas funcione.

Además, tenemos que saber comunicarnos adecuadamente, tanto con la persona a la que cuidamos como con las personas de las que necesitemos ayuda: con claridad, asertividad, cariño e inteligencia emocional. También, ante enfermedades como el Alzheimer, es muy importante no tomarnos lo que digan o hagan como algo personal.

También es muy importante el desahogo personal: es necesario que tengamos un grupo de personas con las que contar para relajarnos y poder compartir nuestras experiencias y sentimientos, evitando la culpa o la vergüenza, y entendiendo que lo que estamos sintiendo es completamente normal.
Este grupo puede ser informal (un grupo de amigos o familiares) o formal (un grupo terapéutico o de nuestra comunidad). Es decir, si no lo tienes, puedes buscarlo.

También son útiles las técnicas de respiración y relajación, aprendiendo a relajar y estirar cada parte de nuestro cuerpo, así como haciendo ejercicios y masajes del plexo solar.

Recomendaciones y pautas concretas para no sufrir el síndrome del cuidador

Visto lo anterior, hay una serie de pautas específicas y consejos que son habitualmente útiles en esta clase de situaciones:

  • Escribir aquello que debemos realizar suele ser de mucha ayuda. En primer lugar, nos permite quitárnoslo de la cabeza cuando no tengamos que pensar en ello. también permite seleccionar y diferenciar entre aquellas tareas que tenemos que realizar nosotros necesariamente y aquellas que en cambio podamos delegar en otras personas.
  • Pide ayuda: ya sea a familiares, amigos, cuidadores profesionales, etc. Es importante conocer nuestros propios límites y aprender a respetarlos. En la Fundación Atilano Sánchez Sánchez te podemos ayudar: estamos a tu completa disposición.
  • Mantener actividades de ocio en tu tiempo libre. Es importante, en primer lugar, tener y respetar un tiempo y espacio para nosotros mismos, para poder hacer aquello que más disfrutamos y que probablemente hayamos abandonado.
  • Mantén una buena salud, aliméntate adecuadamente, mantén horarios de sueño adecuados y haz ejercicio físico, además de paseos tranquilos por la calle para que nos dé el sol y tomemos vitamina D. cuidar nuestro cuerpo también es fundamental para cuidarnos. Y al fin y al cabo, ¿Cómo vamos a cuidad de otra persona si no nos podemos cuidar a nosotros mismos?
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