Por ello, se realizan una serie de técnicas y estrategias encaminadas a optimizar las capacidades cognitivas de una persona, mejorando pues su funcionamiento mental. A esa serie de técnicas y estrategias se le llama estimulación cognitiva.
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A pesar de que las personas que padecen Alzheimer hayan podido comprobar que sus capacidades cognitivas han ido disminuyendo, todas las personas tenemos capacidad para aprender y adaptarnos a nuestro entorno. A esto se le llama neuroplasticidad.
Según la enfermedad avanza, la plasticidad cognitiva va disminuyendo, pero una persona que ha realizado una adecuada estimulación cognitiva en su vida ha desarrollado estrategias para adaptarse ante esas dificultades, creando lo que llamamos reserva cognitiva.
Así, la estimulación cognitiva puede ayudar a que la persona pueda mantener su autonomía durante más tiempo, o a retrasar el avance de la enfermedad.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que cada persona es distinta, por lo que cada enfermedad de Alzheimer también lo es. Por ello, hay que ser capaz de adaptar la estimulación a la persona, y no al contrario. Esta es una de las principales tareas desarrolladas por la fundación con nuestros usuarios de la actividad de supervisión.
A pesar de la necesidad de adaptar individualmente la estimulación a la persona que la recibe, es importante tener en cuenta aquellos objetivos que siempre vamos a tratar de perseguir a través de la misma.
En primer lugar, como hemos mencionado, la estimulación cognitiva tiene como objetivo principal el mantenimiento de las capacidades cognitivas el máximo tiempo posible.
De esta manera, se potencia la orientación espacio temporal y personal y la autonomía de las personas, lo cual a su vez potencia y afecta a otras áreas, como lo son la adecuada interacción con el entorno, las relaciones sociales, la disminución de sentimientos como ansiedad y confusión, evita la apatía, genera un mayor sentimiento de identidad, etc.
Al mismo tiempo esto también evita reacciones cognitivas anómalas (como nervios, potencial agresividad, etc.).
Finalmente, todo ello permite una mayor calidad de vida y una mayor autoestima, así como una menor desconexión del entorno, generando un estado de ánimo más positivo y estable.
Como cualquier otro proceso, la estimulación cognitiva no se basa en lanzar técnicas sin sentido una detrás de otra, si no que hay una serie de técnicas más apropiadas que otras según el momento y el estado en el que se encuentre la persona.
En un inicio, será necesario hacer una evaluación inicial, para comprobar el estado en el que se encuentra la persona, así como sus capacidades cognitivas, intereses, objetivos, etc.
Cuanto más tengamos en cuenta aquello que la persona tiene que decir al respecto de más utilidad resultará lo que hagamos con ella.
Cuando la persona se encuentra en una fase inicial de la enfermedad de Alzheimer, los objetivos de la estimulación cognitiva serán activar mentalmente a la persona. Las tareas serán sencillas, como leer, escribir, recordar acontecimientos pasados, ver las noticias y mantener y promover las relaciones sociales. Se trata de ayudar a que la persona se mantenga activa, realice actividades, no se acomode y esté al tanto de lo que sucede en su entorno. Será imprescindible que esté orientado y que se fomente su autonomía, mantienen todo aquello que aun pueda hacer.
En una segunda fase (fase moderada de Alzheimer) las personas van necesitando una mayor asistencia para realizar las actividades del día a día, si bien aun mantienen mucha autonomía, y van teniendo algunas pérdidas de memoria. Será imprescindible asistirle y darle todas las medidas necesarias para que se sigan valiendo por sí mismos, y la estimulación se centrará en aspectos como la atención, la memoria inmediata o la orientación espacial (dónde están) temporal (el día, la hora, la estación…) y personal (quiénes son ellos, su familia, quienes le rodean, con quién conviven…).
En la fase más avanzada del Alzheimer la estimulación es menos intensa, orientando a la persona a diario y estimulando su memoria (recordándole lo que acaben de hacer, quiénes son sus hijos, etc.)
Durante todo este proceso, pueden surgir dificultades, tanto como para que la persona acceda a realizar la estimulación, como para que la termine de hacer cuando la ha comenzado.
Hay una serie de técnicas y estrategias que nos pueden ser útiles para ello:
A pesar de las diferencias individuales, hay determinadas áreas comunes que se ven afectadas en las personas que sufren de Alzheimer, y que por lo tanto hay que tener en cuenta.
Según el grado de afectación de estas áreas, será necesario adaptar la técnica que usemos. Veamos algunos ejemplos:
Terapia de orientación a la realidad: la orientación contiene como hemos mencionado tres vertientes: espacial, temporal y personal. En una primera fase estas áreas pueden mantenerse, pero según la enfermedad avanza, van perdiendo consciencia de dónde están, que día o que época es, y finalmente incluso quienes son. Mantener a la persona orientada es de vital importancia en todas las fases.
En un inicio, será la propia persona quien puede tratar de recordarlo por sí misma, pero al final la persona que al cuide deberá recordárselo periódicamente. Esto puede ser de varias maneras: diciéndoselo directamente, escribiéndolo en una agenda, haciendo un dibujo dependiendo del tiempo que haga, la estación que sea, etc. Como se suele decir, la imaginación es el límite.
Con todo esto en mente, podemos tratar de ayudar a las personas que sufren Alzheimer a tener un mejor estado cognitivo, y una mayor autonomía y calidad de vida. Desde la Fundación Atilano Sánchez Sánchez te ayudaremos y acompañaremos en este proceso.